Mientras la influenza H3N2, en su variante conocida como K, circula y genera preocupación en distintos países de la región, en Bolivia —y de manera particular en Tarija— llama la atención una ausencia que no puede pasar inadvertida: la falta total de una orientación preventiva clara, oportuna y sostenida por parte de las autoridades de salud. No se trata de alarmar, sino de informar; no de generar pánico, sino de prevenir. Sin embargo, el silencio oficial parece haberse convertido en política.
La experiencia reciente con la pandemia de la COVID-19 dejó lecciones duras pero valiosas. Una de ellas es que la prevención y la comunicación temprana salvan vidas. A pesar de ello, hoy la población no cuenta con campañas informativas que expliquen qué es la influenza H3N2 variante K, cuáles son sus síntomas, cómo se diferencia de un resfrío común, qué grupos están en mayor riesgo o cuándo se debe acudir a un centro de salud. Esta carencia expone especialmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades de base, los sectores más vulnerables del sistema sanitario.
En Tarija, donde los cambios de temperatura, la temporada de lluvias y la concentración de personas en espacios cerrados facilitan la propagación de enfermedades respiratorias, la falta de orientación preventiva resulta aún más preocupante. Los hospitales y centros de salud suelen reaccionar cuando la demanda ya desborda su capacidad, en lugar de anticiparse con información, vacunación y medidas básicas de autocuidado. Prevenir siempre es más barato —y más humano— que curar.
La responsabilidad del Estado no se limita a atender enfermos; incluye, de manera fundamental, educar y alertar a la población. Campañas en medios de comunicación, mensajes claros en redes sociales, coordinación con gobiernos municipales y departamentales, y la activación de programas de vacunación contra la influenza deberían ser acciones mínimas. La improvisación y la pasividad, en cambio, solo alimentan la desinformación y la percepción de abandono.
Bolivia no puede darse el lujo de repetir errores. La ausencia de una estrategia preventiva frente a la influenza H3N2 variante K refleja una preocupante falta de planificación en salud pública. Tarija, como el resto del país, necesita autoridades que entiendan que la prevención no es un gasto ni un trámite burocrático, sino una inversión directa en la vida y el bienestar de su gente.
