
De manera muy frecuente nos preguntamos qué tan sincera es la tan mentada «vocación de servicio público» y estar seguros que quiénes se involucran no sólo en política, sino en organizaciones o sectores sociales en niveles dirigenciales, lo hacen porque sienten que pueden hacer una diferencia y aportar efectivamente a darle rumbo y sentido a esa entidad. O existe cantidad increíble de personas con esa vocación desinteresada o de quienes buscan más que servir llegando a ciertas instancias. Pues la gente se sorprende cuando escucha de las peleas y pugnas internas en partidos y agrupaciones políticas cuando se trata de candidaturas, todos quieren ser candidatos y hacen lo que sea para lograrlo. Pero que difícil es que alguien desconocido se convierta en alguien visible como para ser tomado en cuenta, su nombre y título profesional no sirven de mucho, si es que no figuró o figura en algo, como que el sistema obliga a llegar a cierta vitrina para que nos vean y nos tomen en cuenta, siendo un simple ciudadano de a pie, casi es imposible que nos consideren por lo menos en espacios comprendidos en una «franja de seguridad».
Vemos como dirigentes de organizaciones e instituciones se involucran en la política, dejan esas entidades que les sirvieron de plataforma para insertarse en círculos que en apariencia pueden ser más lucrativos si todo sale bien. La Federación de Juntas Vecinales es uno de esos escenarios desde donde se da el salto a la actividad político partidaria, no por nada los últimos presidentes han sido tomados en cuenta en las listas de algún partido, sobretodo del alcalde de turno, irónicamente la autoridad a la que debían fiscalizar y exigir obras y proyectos en beneficio de los barrios. El comité cívico también es una tarima de la que han surgido políticos influyentes en nuestro medio. Sin hurgar más la memoria de la gente, surge la interrogante sobre porqué se lo hace y porqué hay tanta desesperación por ingresar en política cuando se escucha tanto que es tan sucia y donde los principios no existen.
Queremos creer que el servicio público viene antecedido de una ola de buenas intenciones tan fuerte, que empuja a nobles ciudadanos a lanzarse a arenas movedizas, sin la menor previsión ni cuidado a título de sólo querer ser útiles a la sociedad. Queremos creer… todavía.

