martes, junio 16, 2026
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Señales, mensajes, amenazas veladas, o una celada desembozada del submundo narco

Eduardo Claure

El asesinato de Fernando Villavicencio en el Ecuador, es un hecho que pone en cruda evidencia lo que sucede en ese país desde hace años atrás al influjo de la presencia de carteles internacionales de la droga que activan sus criminales tentáculos por la posición geográfica que tiene ese país con sus principales puertos que son infraestructuras apetecidas por el narcotráfico corporativizado en el Ecuador; es decir allá se ha dado una “geopolítica del narcotráfico”, además por su ubicación en el área de influencia de Colombia y Perú principales productores de cocaína del mundo, instalados, además, en un área de fronteras altamente permeables al tráfico de drogas, dineros, personas y un sicariato inocultable, que funciona en combinación perversa contra ese Estado, su sistema político y su democracia.

En este escenario, en los últimos tiempos se han venido dando una serie de crímenes contra la humanidad de muchos ecuatorianos en una escalada que muestra la capacidad de fuerza bruta instalada contra quienes se oponen a estas actividades criminales del narcotráfico internacional, en las que, denuncias de Villavicencio no solamente llegaron contra políticos y sectores empresariales y de la justicia que caminan  al son del sub mundo narco, y que llegan incluso también a declaraciones del ex presidente Correa, que llegó a amenazar no hace poco al propio Villavicencio. Qué se puede pensar entonces, cuando también han sucedido luctuosos hechos como el asesinato en julio pasado del alcalde de ciudad Manta, Agustín Intriago, victima de un ataque de sicarios, donde murió una destacada deportista Ariana Estefanía Chancay, estas muertes coincidieron con el inicio de motines en 13 cárceles ecuatorianas de las 35 que tiene ese país, en las que iniciaron una huelga de hambre y la retención de 100 guardias; en estos motines carcelarios en Guayaquil murieron una treintena de reclusos, siendo que la intervención policial incautó un inmenso arsenal de fusiles de largo alcance, lanzagranadas, municiones, explosivos y otros; en el mismo mes fue asesinado por cuatro sicarios, Rinder Sánchez, candidato a diputado en un suceso en el que pretendieron robarle su auto; en febrero de este años fueron asesinados dos candidatos a alcaldes locales. Según Human Rights Watch en estos actos de violencia en las cárceles, han muerto 400 presos desde el 2021. Como corolario en varias ciudades ecuatorianas -Esmeraldas, Manta y Guayaquil- se han venido dando atentados y ataques con bombas contra establecimientos comerciales, vehículos particulares y de servicio público. Similares hechos que en Colombia bajo el terror del narcotráfico y la guerrilla en los 80 y 90, época que cuando le llegaba a alguien un tiro, no se sabía si el disparo fue de la policía, la guerrilla, el ejército, los narcos, las rondas campesinas o de la DEA. Dormir tranquilo en Bogotá, significaba dormir en el sótano o la terraza.

Villavicencio, fue dirigente sindical, periodista y diputado, y candidato por el partido Construye. Destacaba en sus denuncias la filtración del narcotráfico en niveles claves del gobierno y la justicia, siendo su campaña el fortalecimiento y depuración de los organismos de la seguridad ciudadana y de la justicia, amén de niveles empresariales. Ese su pecado.  Cual la alerta en el subcontinente para quienes trabajan con la esperanza de democratizar la política, librarse del populismo progresista que va de la mano del sub mundo narco y la presencia de carteles mexicanos, colombianos, brasileros, peruanos y otros europeos, que tienen un ejercito de sicarios que hacen casi imbatible las acciones y operaciones de este conjunto de mafias que han penetrado los gobiernos y ponen en ascuas a la democracia y sus mecanismos y que han eliminado el concepto de competencia política en paz, competencia sana y democracia.

En Bolivia, es inocultable la presencia y acciones de carteles del narcotráfico criollos o domésticos conjugados con otros internacionales, donde cada día se suceden hechos “naturalizados” por el oficialismo, que muestran una escalada del narcotráfico nunca antes vista en el país que testimonian los medios de prensa nacionales y externos, ni que decir de las RR.SS., el internet y otros medios digitales; todo esto aparejada a una corrupción galopante del más alto nivel en la administración pública. En este contexto, ya no únicamente el trópico cochabambino es tierra de nadie, sin autoridad y sin ley, sin presencia del Estado y donde la destrucción de fábricas de cocaína cuentan por decenas y centenas, semanalmente, siempre y cuando no, nunca se atrapan a los mentados “peces gordos”, sino como siempre y antes se atrapaba a los pisa cocas y otros mensajeros, hoy ni siquiera se halla a los “químicos”, sino fabricas abandonadas que producían hasta 500 kilos día de droga refinada de alta pureza y calidad. Ahora bien, en la actualidad y desde el último decenio, lugares específicos del altiplano, se ha convertido en tierra de nadie, donde la comercialización de droga  y el trueque por vehículos robados en Chile y otros países, es cosa de todos los días, habiendo el extremo llegado a que varios ayllus colindantes de Oruro y el Norte Potosino, se han convertido en el “México Chico”, donde las “ferias comunales dominicales” -en las que ya no hay misa, cura ni iglesia-, son en realidad un espacio del más puro “libre mercado capitalista”, figura odiada por el proceso de cambio y el Socialismo del Siglo XXI, que bajo el eslogan de aquello de “coca no es cocaína”, “cocaína cero”, “nacionalización de la lucha contra el narcotráfico”, similar a aquello de “son errores y no delitos”, hoy ponen el dogal a la cabeza del pueblo boliviano echando la culpa “al golpe de estado” y que no hubo fraude monumental, sino como en la guerra del agua y del gas, son culpables “los vende patrias, gamonales, separatistas y los káras y blancos herederos del coloniaje que sometió a los pueblos indígena originarios campesinos por 500 Años”, y que ahora, llegó el cambio, en manos de ellos, no de las leyes, los derechos, la democracia y otras figuras de “los urbanos”, sino que han llegado al poder político -ilimitado- que no querrán soltar, sea como sea, por ello se han adueñado de áreas, también, en otros departamentos fronterizos y transitan por toda la geografía nacional como si nada. ¿Por ello, lo sucedido en el Ecuador son señales, mensajes, amenazas veladas, o una celada desembozada del submundo narco contra el pueblo, la paz social, las leyes y la democracia boliviana…? Son un espejo de la reencarnación de Pablo Escobar y no un espejismo o sueño de desarrollo del que están agarrados con uñas y dientes -azules y no azules- y qué, no “soltarán la presa”, así nomás…