En los últimos años, las estanterías de los supermercados destinadas a los condimentos, en particular a la sal, han cobrado una diversidad sin precedentes.
Además de la versión refinada -la popular sal de cocina- y la sal gruesa, se lanzaron nuevos productos como la sal rosa del Himalaya, la sal light o la sal hiposódica, es decir, baja en sodio.
En común, todas ellas prometen traer beneficios para la salud y ser aliadas en la prevención o lucha contra la hipertensión, una enfermedad extremadamente común que está relacionada con infartos, accidentes cerebrovasculares (ACV) e incluso la muerte.
Pero ¿tienen estas alternativas realmente lo que prometen?
En términos generales, la sal light o hiposódica tiene evidencia de ser beneficiosa para la salud, siempre que se use correctamente.
Lo mismo no se puede decir de la sal rosa del Himalaya o la sal gruesa.
Los estudios indican que la cantidad de sodio en ellas es similar a la que se encuentra en la sal de cocina y no hay cambios en la presión arterial cuando la persona sustituye el tipo convencional por estos otros.
Es hora de conocer las diferencias entre algunas de estas sales y cómo usar el condimento sin perjudicar el corazón ni los vasos sanguíneos.
Sal de cocina
El médico Weimar Barroso, presidente de la Sociedad Brasileña de Cardiología, bromea con que si el sodio se descubriera ahora no sería aprobado para el consumo humano.
Más allá de eso, la sal es un elemento importante para el funcionamiento de nuestro cuerpo. La podemos ver en cantidades pequeñas pero suficientes para nuestra salud en muchos alimentos de origen vegetal y animal.
La sal ha sido utilizada por la humanidad durante milenios como una forma de realzar el sabor de los alimentos o incluso para conservar ciertos productos, como la carne y el pescado.
El nombre técnico de la sal que todos tenemos en la cocina es cloruro de sodio, lo que significa que lleva una mezcla de cloro y sodio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un límite de 5 gramos de sal por día.
En la práctica, esto significa que estamos ingiriendo prácticamente el doble de lo que los expertos consideran aceptable.
Pero ¿en qué nos equivocamos?
Barroso dice que el gran villano aquí es el sodio añadido en los productos industrializados.
«Alrededor del 80% de este consumo se concentra en los ultraprocesados o embutidos, y el 20% proviene de la sal de adición, la que ponemos para condimentar la comida», dice el cardiólogo y profesor en la Universidad Federal de Goiás.
La nutricionista Camila Cristina da Silva Santos recuerda que una sola tableta de condimento concentrado listo para usar, de estos utilizados en carnes o frijoles, tiene prácticamente toda la cantidad de sodio que una persona debería comer durante un día entero.
Pero, después de todo, por qué excederse en la cantidad de sal es preocupante y cuáles son los efectos de su consumo en el organismo.
Barroso explica que el exceso de sodio tiene una serie de repercusiones, como la retención de líquidos en el cuerpo. Y esto, a su vez, provoca un aumento de la llamada volemia, la cantidad de sangre en circulación.
El resultado de esto es una presión adicional e innecesaria sobre las paredes de los vasos sanguíneos, lo que a largo plazo desemboca en una hipertensión.
«El exceso de sodio también influye en el sistema renina-angiotensina-aldosterona, que tiene un papel importante en la regulación de la presión arterial», añade el médico.
Esta presión incontrolada puede generar «lesiones» en las paredes internas de los vasos que transportan la sangre a través del cuerpo. Y esto tiene el potencial de generar complicaciones muy graves e incluso fatales como infarto y accidente cerebrovascular.
Sal con menos sodio
La sal hiposódica es aquella que tiene una reducción del 50% en el contenido de sodio del producto final.
Por lo general, se reemplaza por potasio. Tiene mitad de cloruro de sodio, mitad de cloruro de potasio.
Hay versiones con una disminución menor en la cantidad de sodio. Generalmente, sus envases traen palabras como «light» o «rico en potasio».
Una encuesta realizada en Australia y publicada a finales de enero concluyó que los pacientes con hipertensión pueden tener beneficios con este tipo de sal.
En el artículo, los autores defienden la idea de que este ingrediente forma parte de las directrices de tratamiento de la presión arterial alta y los médicos pasan a sugerir el uso de sal hiposódica (o rica en potasio) para sus pacientes.
