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Retos entre la economía y la política

Lic. Rosemary Zerna Lopez
Como profesora de Educación Física en Bolivia, observo con preocupación los múltiples desafíos que enfrenta nuestro sistema educativo. La realidad económica y política del país se refleja cotidianamente en nuestras aulas: la falta de recursos, la inestabilidad institucional y las decisiones apresuradas comprometen el derecho de niños y jóvenes a una educación integral.
En primer lugar, la crisis económica limita ampliamente la inversión en infraestructura escolar y equipamiento deportivo. Muchas unidades educativas carecen de gimnasios adecuados, material básico como pelotas o colchonetas, e incluso aulas en buen estado. Esta carencia impide cumplir con los estándares mínimos de desarrollo físico y salud, y margina a los estudiantes más vulnerables, incrementando la inequidad educativa.
La inflación y los bajos ingresos de las familias bolivianas complican aún más el panorama. Estudiantes con hambre o sin acceso a servicios básicos presentan menor rendimiento y motivación. Como docente, siento que mis esfuerzos por inculcar hábitos saludables y valores de esfuerzo y equipo se ven frustrados cuando los alumnos llegan al aula con necesidades insatisfechas. La Educación Física, que debería ser un espacio de desarrollo corporal y emocional, queda relegada a un rol secundario.
Por otro lado, la inestabilidad política y los constantes cambios en políticas educativas generan incertidumbre en los equipos docentes. Cada cambio de gobierno trae reformas apresuradas, programas vigentes desdibujados y un enfoque diferente que exige rápidas adaptaciones. Esta volatilidad no solo desgasta a los profesionales, sino que también crea discontinuidad en los procesos de enseñanza-aprendizaje, generando prejuicios hacia la innovación y la planificación a largo plazo.
Además, observo una tendencia a priorizar estándares académicos que dejan de lado lo físico-corpóreo. Se mide el éxito con pruebas estandarizadas de lectura y matemáticas, mientras se olvida que el bienestar integral implica ejercicio, creatividad corporal y salud mental. Una visión reductiva limita el potencial de los estudiantes, pues no considera todas las dimensiones de su desarrollo.
Sin embargo, no todo es negativo. Existen iniciativas locales y comunitarias —impulsadas por docentes, organizaciones sociales y padres de familia— que promueven proyectos deportivos, huertos escolares y espacios lúdicos en entornos rurales y urbanos. Estas experiencias demuestran que, con gestión participativa y voluntad política, es posible enriquecer la educación más allá del aula tradicional y sin depender exclusivamente del presupuesto estatal.
En conclusión, la educación en Bolivia vive en tensión entre la urgencia económica y la inestabilidad política. Como docente, apelo a una visión crítica que reconozca la multidimensionalidad del desarrollo humano: no basta con enseñar contenidos, necesitamos escuelas dignas, docentes motivados y un enfoque que integre lo físico, lo emocional y lo cognitivo. Solo así romperemos el círculo de inequidad y daremos a nuestros estudiantes la base para construir un futuro más saludable y justo.

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