Redacción Central/El Periódico/Bolinfo/28-11-25.- Víctor Hugo Zamora es acusado de la supuesta comisión de varios delitos cuando ejercía el cargo de Ministro de Hidrocarburos, razón por la que tuvo que buscar asilo político en otro país ante el retorno del Movimiento al Socialismo al poder, con la presidencia de Luis Arce.
Víctor Hugo Zamora indica que sólo le queda pendiente resolver una acusación por la paralización de la planta de urea, caso que calificó de “armado” y del que dice tener toda la documentación para probar su inocencia, así como en las demás denuncias que se fueron cayendo por la inconsistencia planteada.
El ex Ministro de Hidrocarburos, asimismo señaló que ya sea apersonó ante las instancias correspondientes, y remarcó que no pide ninguna impunidad, sólo ser juzgado en libertad, con total equilibrio y objetividad.
Víctor Hugo Zamora también explicó que tuvo que refugiarse en el Brasil, en primera instancia, cerca de la frontera con Bolivia, pero por información de la policía federal del vecino país, supo que a través de grupos de narcotraficantes, pretendían, atraparlo e introducirlo a Bolivia, donde se le armaría un caso por supuesto tráfico de drogas, esa situación lo obligó a buscar mayor seguridad en el interior del Brasil. Su exilio, según afirma, una decisión voluntaria, sino una medida desesperada para resguardar su vida.
Su relato sobre los años en Brasil agrega un componente inquietante. Inicialmente se refugió en una zona fronteriza, pero asegura que debió alejarse tierra adentro tras recibir información de la Policía Federal brasileña sobre presuntos planes de grupos narcotraficantes para capturarlo e introducirlo a Bolivia, donde se le atribuiría un caso fabricado de tráfico de drogas. Este episodio, de confirmarse, exhibiría una alarmante vulnerabilidad institucional y un preocupante cruce entre política y crimen organizado.
El regreso de Zamora obliga al país a mirarse en el espejo. ¿Será capaz la justicia boliviana de procesar este caso sin presiones políticas ni vendettas? ¿Podrá Tarija, siempre pendiente de sus figuras públicas, observar este capítulo con serenidad y sin polarización? Más allá del personaje, lo que está en juego es la credibilidad de un sistema que hace años viene reclamando reformas profundas.
