Los incendios forestales que una vez más arrasan la Serranía de Sama en Tarija no solo representan una amenaza para los ecosistemas y la biodiversidad de esta región invaluable, sino que también suponen un riesgo directo, severo e inmediato para la salud de la población. Las columnas de humo, la ceniza suspendida en el aire, la contaminación atmosférica y el estrés ambiental que generan estas catástrofes requieren medidas urgentes y coordinadas por parte del Estado, los gobiernos subnacionales y la ciudadanía.
Uno de los primeros aspectos que deben considerarse en un contexto de incendio forestal de alta magnitud es la calidad del aire. Los incendios liberan partículas finas (PM2.5) que penetran fácilmente en los pulmones y afectan especialmente a niños, personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas. Las autoridades deben monitorear la calidad del aire en tiempo real y emitir alertas sanitarias claras que permitan a la población tomar decisiones informadas. No basta con declarar emergencia ambiental: se necesita actuar preventivamente con suspensión de clases, restricción de actividades físicas al aire libre y recomendaciones de uso de mascarillas de alta protección (N95 o equivalentes) cuando el aire se vuelve irrespirable.
Otro punto crítico es la atención médica oportuna y accesible. Es común que en estos eventos aumenten los casos de crisis asmáticas, conjuntivitis, afecciones dérmicas y otras patologías relacionadas con la exposición al humo. Los centros de salud, sobre todo en zonas rurales o periurbanas cercanas al incendio, deben contar con recursos, personal, medicación y planes de contingencia. El sistema de salud debe estar en alerta y preparado para responder ante emergencias respiratorias masivas.
Tampoco se puede ignorar el impacto en la salud mental. El miedo a perder hogares, el estrés por la amenaza a la vida y el dolor por la pérdida de la naturaleza afectan profundamente el bienestar emocional de las personas. Es fundamental que se activen brigadas psicológicas, especialmente para comunidades afectadas directamente y para los voluntarios y bomberos que enfrentan situaciones límite.
Además, es indispensable proteger las fuentes de agua. El avance del fuego puede contaminar ríos y vertientes con cenizas y químicos, lo que repercute en la salud pública. La vigilancia del agua potable y su distribución segura son prioridades cuando se compromete la infraestructura ambiental.
Este tipo de tragedias exige una ciudadanía activa y bien informada. No solo para evitar que se generen nuevos focos de incendio por negligencia o imprudencia, sino para colaborar con la prevención sanitaria desde el hogar: cerrando puertas y ventanas, usando purificadores de aire o métodos caseros para reducir la entrada de humo, y prestando atención a los síntomas de intoxicación por inhalación.
