El fuerte temporal que azotó a Tarija este martes, con vientos huracanados que derribaron árboles y postes en distintos barrios de la ciudad, nos deja una lección clara: no podemos seguir improvisando frente a los fenómenos naturales. Cada año, con la llegada de las temporadas de lluvias, granizadas o fuertes ventarrones, la ciudad se ve sorprendida por situaciones que, aunque inevitables en su origen, podrían tener un impacto mucho menor si existiera una planificación urbana y preventiva más sólida.
El desplome de árboles de gran tamaño sobre avenidas principales y el corte de energía eléctrica en varias zonas no deben entenderse como hechos aislados, sino como el reflejo de un sistema de prevención débil y de infraestructura urbana que necesita ser fortalecida. La pregunta que surge es inevitable: ¿está preparada Tarija para enfrentar eventos climáticos cada vez más extremos?
La respuesta es preocupante. La falta de podas regulares, la escasa supervisión sobre el estado de los árboles, el cableado eléctrico sin protección adecuada y la débil coordinación institucional para atender emergencias hacen que cada temporal se convierta en un riesgo latente para la población. No se trata solo de daños materiales; hablamos de la seguridad de familias enteras que ven cómo una tormenta puede causar accidentes graves en cuestión de minutos.
Preparar la ciudad no significa únicamente reaccionar después del desastre. Significa anticiparse. Ello implica un programa permanente de poda y reforestación responsable, que asegure árboles fuertes y seguros en lugar de ejemplares envejecidos o mal plantados en veredas estrechas. Significa también modernizar la red eléctrica, priorizando el soterrado de cables en zonas críticas y el refuerzo de postes para que soporten mejor las inclemencias del tiempo. Y, sobre todo, significa contar con planes de contingencia claros, equipos de respuesta rápida y campañas de información ciudadana para que la población sepa cómo actuar en situaciones de emergencia.
El cambio climático ha puesto sobre la mesa un escenario ineludible: los fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes. No podemos resignarnos a la vulnerabilidad. Tarija, como muchas otras ciudades del país, debe avanzar hacia una gestión urbana resiliente, donde la seguridad de sus habitantes sea prioridad y donde la fuerza de la naturaleza encuentre una comunidad mejor preparada para enfrentarla. La tormenta del martes es una advertencia.
