Perdiendo la identidad en manos de la informalidad

La ciudad de Tarija ha ido cambiando con el correr de los años, no para bien, el centro o casco viejo no es el mismo, no porque las antiguas casonas ya no estén, ahí siguen aunque a su lado levantaron modernos edificios, como burlándose del respeto al diseño y arquitectura original, colonial, la preservación de ese patrimonio quedó atrás.

El centro se llenó de tiendas, los dueños de las casonas las volvieron tiendas, a más cuartos mejor,
más alquileres, más dinero. La ropa usada se vende como nueva, en vidrieras, en maniquíes, hasta parece nueva pero no lo es. La forma en que cada negocio se presenta es una bofetada al orden y armonía que se busca o pretende, la alcaldía no hace nada una vez más. Se invaden aceras con muñecos que modelan las prendas, los peatones deben dar espacio para que los coloquen de manera casi permanente, hasta que se acaba el día, luego los guardan y después otra vez a la calle.

Los precios se anuncian en cartulinas de todos colores, escritas con marcador negro, aguantando todo tipo de letra… se pegan a las paredes, luego se sacan y después se ponen de nuevo. Las paredes de las casonas tarijeñas lucen multicolores con grotescas ofertas.

Cada día mostramos la peor imagen de una Tarija que, todavía pensamos, puede ser atractiva para el turismo pero sin embargo, hacemos y permitimos que la hagan lo menos llamativa posible, atentando contra cualquier esfuerzo.