Pausas necesarias

Es prudente dejar la vorágine del dia a día y reflexionar sobre lo que estamos haciendo y porqué, sería recomendable alejarnos del escritorio, del «dice que dijo» para escucharnos a nosotros mismos, con nuestros propios sentidos. Es inevitable que en ese «parar y mirar», la subjetividad se adueñe de nuestra visión, aunque el sentido común y la escala de valores nos sirven para que, por más que seamos subjetivos hasta la medula, busquemos el equilibrio, muy útil para tomar decisiones justas y de beneficio general.

Alguien me contó que un pariente suyo en determinado momento tuvo que decidir entre seguir en una actividad que más que lo entusiasmaba o correr detrás de sus niños, que se iban a otro lugar, por causa de una ruptura matrimonial, ahí la balanza se inclinó por lo más importante, lo otro podía esperar o, simplemente, no era vital para continuar. Al igual que aquel que tuvo que escoger entre una opción política o el dormir profundo, tranquilo y confiado de los suyos, entendiendo que lo primero perturbaría esa paz, rompería esa tranquilidad, que tanto buscamos y que, cuando la tenemos, deberíamos cuidar como un tesoro preciado.

Somos parte de algo, de una sociedad, con su propia dinámica, con su propio ritmo, tan suyo, que somos nosotros los que los definimos e imprimimos… el poder aceptar y asumir que podemos y, con seguridad, nos equivocamos, estemos donde estemos y seamos quienes seamos, es un paso que nos abre oportunidades y nos ayuda a reencontrarnos con la humildad, tan extraviada y tan «ninguneada» por nuestra misma condición humana.

Existen tiempos para escucharse, debe haber, dejar las diferencias en algunos casos y las posturas en otros y, efectivamente, pensar qué les estamos diciendo a nuestros hijos y cómo les estamos haciendo concebir esta vida en un entorno, lleno de denuncias, agresiones y alusiones fuera de tono. No precisamos pensar exactamente igual ni tampoco marcar el mismo paso pero en un escenario sano, de buenas costumbres, se puede avanzar para encontrar coincidencias en las diferencias, que de seguro podrán construir más de lo que se ha destruido en pos, no del interés mezquino de uno o de otro, sino del bien común, ese que debe interesarnos a todos, no para ganar con él individualmente sino para ser motores que lo hagan funcionar y aplicar en cada acto nuestro.