La serranía de Sama, uno de los pulmones naturales más importantes de Tarija y una reserva vital de biodiversidad, vuelve a ser víctima de las llamas. Otra vez. El fuego no solo consume hectáreas de pastizales, bosques y fauna silvestre; también quema la esperanza de una gestión ambiental seria, efectiva y comprometida. Lo que ocurre año tras año en Sama no es una tragedia natural, sino una consecuencia directa de la negligencia institucional, la falta de prevención y, en muchos casos, la complicidad silenciosa ante prácticas ilegales como chaqueos no autorizados y el avance de la frontera agropecuaria.
La historia se repite con una alarmante precisión: llega la temporada seca, se multiplican los focos de calor, las comunidades alertan, los voluntarios se movilizan, las autoridades reaccionan tarde, el daño se expande. Luego vienen los discursos, las promesas de investigación, los pedidos de ayuda externa y finalmente el olvido… hasta el próximo incendio.
Sama no solo representa un paisaje emblemático para los tarijeños. Es una zona estratégica para el equilibrio ecológico del valle central, fundamental para el ciclo del agua y hogar de especies endémicas en peligro. Cada hectárea perdida es un retroceso ambiental que tomará décadas en recuperar, si es que alguna vez lo logramos.
Resulta inadmisible que, a estas alturas, Tarija aún no cuente con una política efectiva y sostenida de manejo de riesgos. Las brigadas de respuesta son insuficientes, la logística precaria y el equipamiento escaso. Pero aún más grave es la falta de voluntad para aplicar sanciones ejemplares. ¿Cuántos responsables de provocar incendios han sido procesados o sancionados penalmente en los últimos años? La impunidad se ha convertido en un combustible tan peligroso como el fuego mismo.
Este nuevo desastre en Sama debe ser un punto de inflexión. Es urgente reforzar la vigilancia ambiental con tecnología, capacitar permanentemente a comunidades, dotar recursos adecuados a las unidades de bomberos forestales y establecer un sistema de alerta temprana que funcione de verdad. Pero sobre todo, es imprescindible que la justicia actúe con rigor frente a quienes provocan incendios, sean particulares, empresas o incluso funcionarios.
Salvar Sama es salvar Tarija. No podemos seguir normalizando que cada año arda nuestra casa común como si fuera un destino inevitable. Si el fuego regresa es porque nosotros no hicimos lo suficiente para evitarlo.
