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MUJERES, GUERRAS Y EXISTENCIA: EL DESAFIÓ DE LA IGUALDAD REAL EN TIEMPOS DE DEVASTACIÓN


Por Marianela Paco Durán
Desde los ojos del Constitucionalismo Plurinacional Comunitario Intercultural
La Paz, 6 de marzo de 2026
Cada año, desde 1975, conmemoramos el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
Ojalá lo hagamos con la lógica inclusiva que también reconozca a las mujeres que venimos y
somos de las Naciones y Pueblos Originarios Milenarios. Sin embargo, el hecho de que se haya
separado la conmemoración del Día de la Mujer Indígena cada 5 de septiembre desde 1983,
evidencia una verdad incómoda: la otra mitad de la población sigue siendo racializada,
inferiorizada. Ese análisis profundo lo dejaremos para después. Hoy quiero que nos adentremos
en la coyuntura geopolítica que nos encuentra, a las mujeres, en riesgos extremos, victimizadas
por decisiones elitarias que exhiben su poderío a través de las guerras, convertidas en su cultura
de entretenimiento y, por qué no decirlo, en su orgasmo narcisista.
La memoria de las que nos antecedieron
En este contexto, las mujeres no podemos olvidar las martirizaciones de lideresas que
sacrificaron sus vidas por nuestra libertad y dignidad. Hablo de Kurusa Yawi, Micaela Bastidas,
Bartolina Sisa, Gregoria Apaza, Olympe de Gouges, Juana Azurduy y tantas otras que ofrendaron
su existencia para que hoy nosotras podamos estar aquí, exigiendo derechos. Ellas nos legaron
una estela de lucha que atravesó la conquista de los derechos políticos con el movimiento
sufragista, la conquista de los derechos laborales y el pan, la autonomía del cuerpo y el derecho
a la integridad física, psicológica y económica, el divorcio, el acceso a la educación superior.
Pero aún tenemos pendientes cerrar brechas de desigualdad que persisten con datos crudos:
 Brecha salarial: En Bolivia, las mujeres ganan en promedio un 27,4 a 30% menos que los
hombres por el mismo trabajo1
, según datos del INE. A nivel global, la brecha es del 20%2
.
 Triple jornada: Las mujeres bolivianas dedican 3 veces más tiempo que los hombres al
trabajo no remunerado (cuidados, labores domésticas), según la Encuesta de Uso del Tiempo
del INE. Mientras ellos destinan 16,8 horas semanales, nosotras dedicamos 47,2 horas.
 Crianza y divorcio: El 78 – más del 80% de los hogares monoparentales en Bolivia están a
cargo de mujeres3
, según el Observatorio de Género. Cuando hay separación, la
responsabilidad de hijas e hijos sigue recayendo desproporcionadamente en nosotras.
 Rehacer la vida: Mientras los hombres rehacen su vida en pareja rápidamente, las mujeres
enfrentamos estigmas sociales que nos juzgan y limitan.
¿Qué igualdad buscamos?
Lo que toca encarar es seguir previniendo violencias y reorientar la lucha y el entendimiento sobre
la igualdad. No, no buscamos igualdad para vicios, defectos, irresponsabilidades, irrespetos, baja
autoestima fusionada a la autodestrucción y antivalores. No se trata de competir por quién tiene
más «aguante» en las borracheras, ni de pretender ser quien traicione y abandone igual a sus
hijos e hijas. Mucho menos de reducirnos a querer ser «alfas», porque esas categorías
corresponden al mundo animal, no al humano.

Estas bajezas se han convertido en excusa de conservadores y élites que nos quieren para
explotación, como una herramienta de fragmentación, división, minorización y debilitamiento de
nuestras luchas, provocando retrocesos en los avances que conquistamos.
Se trata de fortalecer la retórica positiva, así como los comportamientos. Eso nos otorgará mayor
autoridad para alcanzar nuestro horizonte: la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres.
Aquella que nuestras civilizaciones milenarias habían alcanzado, particularmente en el sur
continental antes conocido como el Tawantinsuyu, donde existía el Chacha-Warmi (hombremujer) como principio de complementariedad y dualidad equilibrada, no de subordinación.
La agenda impostergable
La agenda que debemos encarar desde esas potencialidades de transformación que las mujeres
tenemos es clara:

  1. Reducir la brecha digital: En Bolivia, solo el 40% de las mujeres rurales tiene acceso a
    internet, frente al 60% de los hombres, según datos de la ATT. Necesitamos garantizarnos la
    no exclusión y el respeto a nuestra privacidad, dignidad y honor en entornos digitales cada
    vez más hostiles.
  2. Afincar nuestra participación política: La paridad en espacios decisionales debe
    materializarse. Si bien Bolivia es ejemplo mundial con la Ley 243 (Ley Contra el Acoso y
    Violencia Política hacia las Mujeres) y la paridad en las listas electorales, aún vemos
    resistencias patriarcales que buscan vaciar de poder nuestra presencia. Aunque la Asamblea
    Legislativa Plurinacional para el periodo 2025-2023 tiene una histórica mayoría de mujeres,
    sus acciones a favor no se visibilizan.
  3. Demandar igualdad salarial y visibilizar la economía del cuidado: Es urgente normar la
    igualdad salarial de manera efectiva y reconocer que la economía del hogar y los cuidados
    sostienen la economía del país. Según el INE, el trabajo no remunerado aporta el 24.5% del
    PIB nacional4
    , sostenido mayoritariamente por mujeres.
  4. Reorientar la prevención de violencias: Las cifras son escalofriantes: en Bolivia, cada 3
    días ocurre un feminicidio. Entre enero y diciembre de 2024, se registraron más de 80
    feminicidios. Necesitamos campañas que no solo nos digan «no te mueras», sino que
    transformen la mentalidad de los agresores y desarticulen las estructuras patriarcales que
    naturalizan la violencia. Es terrible que en solo 60 días del año ya suman 19 víctimas mortales
    por el feminicidio.
    Reproducimos el patriarcado sin darnos cuenta
    La agenda, como se ve, nos involucra a nosotras mismas. No estamos dimensionando
    correctamente el cómo opera el patriarcado, y lo estamos reproduciendo, tal vez sin darnos
    cuenta. Por eso, en estos tiempos de alto riesgo por los conflictos armados en el mundo y las
    tensiones geopolíticas globales, sirva para plantearnos nuevos paradigmas de lucha cimentados
    en la búsqueda de igualdad y dignidad.
    En las guerras, las mujeres somos las más afectadas. Según la ONU, el 70% de las víctimas
    civiles en conflictos armados son mujeres y niñas (lo último es el ataque perpetrado por Israel y
    Estados Unidos a una escuela de niñas donde mataron hasta ahora a más de 150 personas). La
    violencia sexual es utilizada como arma de guerra sistemáticamente. Y sin embargo, somos
    nosotras las que sostenemos la vida en medio de la devastación.
    La unidad más allá de las diferencias
    Las mujeres nos necesitamos unidas más allá de colores e ideologías. Necesitamos ser
    empáticas con realidades que de pronto no alcanzamos a mirar por las condiciones materiales
    propias a la clase social a la que pertenecemos. Necesitamos ser voluntariosas y firmes con la causa para romper con los miedos de sentir solitariedad cuando conquistas tu autosuficiencia.
    Necesitamos estar preparadas técnica, socio-cultural, emocional y políticamente, basadas en
    nuestra conducta incorrompible.
    La existencia nos necesita
    No pierdan de vista que los hombres que tienen el poderío total sobre el sistema ya están
    luchando por ser los colonos primeros en la conquista de territorios en otros planetas. Lo que
    significa es que ya están preparados para abandonar este planeta, la Madre Tierra, a quien
    destruyen incesantemente.
    Mientras ellos planifican su escape interplanetario, nosotras seguimos aquí, criando, sembrando,
    tejiendo, resistiendo. Según Naciones Unidas, las mujeres rurales producen el 60% de los
    alimentos en el mundo, pero poseen solo el 15% de la tierra. Las cifras nos muestran que el
    sistema no solo es patriarcal, es depredador.
    Llamado final
    Despertar, mujeres hermanas de la comunidad de la vida. La existencia nos llama a protegerla.
    Llevamos siglos luchando por el respeto a nuestra humanidad. Buscamos la igualdad de
    facultades, libertades, condiciones, oportunidades, respeto y dignidad. Buscamos materializar la
    complementariedad plena y efectiva en el tránsito por la vida con los hombres, donde juntos
    construyamos un mundo de paz, armonías, equilibrio y justicia en, con, por y para la Comunidad
    de la Vida y la existencia misma. En Bolivia tenemos una Constitución despatriarcalizadora con
    la que defendernos para avanzar, leamos y hagamos que se plasme en prácticas.
    Por las que fueron, las que somos y las que vendrán. Por la Madre Tierra que nos sostiene. Por
    la vida que merece ser vivida con dignidad, un abrazo de hermana hasta donde estén.
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