Al menos dos centenares de dirigentes y campesinos pertenecientes a los ‘ponchos rojos’ se desplazaron desde La Paz hasta la sede de las seis federaciones del trópico de Cochabamba, en un acto de respaldo hacia el expresidente Evo Morales. Este movimiento se enmarca en un contexto tenso, donde los seguidores de Morales han establecido un operativo de seguridad y vigilia en torno a su figura, tras la emisión de una orden de aprehensión en su contra desde el departamento de Tarija.
La diputada Zulay Mamani, que forma parte del Movimiento al Socialismo (MAS) y se identifica con el ala evista del partido, lideró este grupo de campesinos que provienen de diversas zonas del área andina, como Achacachi, Huarisata, Ancoraimes, Huatajata y Lago. En su intervención, Mamani enfatizó que esta movilización no es un simple acto de apoyo individual, sino el resultado de un esfuerzo colectivo de las comunidades, que buscan reafirmar su compromiso con el liderazgo de Morales y su visión política.
Desde su recluimiento en octubre de 2024, Morales ha estado en el centro de la controversia, acusado inicialmente de pedofilia, un cargo que posteriormente fue modificado a trata de personas. Desde entonces, el expresidente ha permanecido en su región, evitando presentarse ante la fiscalía, lo que ha desencadenado un clima de incertidumbre y tensión política. La situación se intensificó cuando, el 27 de octubre, un operativo policial destinado a aprehenderlo resultó fallido, lo que Morales calificó como un intento de ‘magnicidio’, un término que refleja la gravedad con la que toma las amenazas a su seguridad.
La llegada de los ‘ponchos rojos’ es solo una parte de un movimiento más amplio que incluye la llegada de delegaciones de otros seis departamentos. Estas movilizaciones son estratégicas, ya que los partidarios de Morales están organizando turnos de vigilancia en un esfuerzo por proteger su figura y mantener una presencia constante en su apoyo. Según los organizadores, en torno a Morales se han establecido al menos tres anillos de seguridad, lo que indica la seriedad con la que su equipo considera la amenaza que enfrenta.
A pesar de la narrativa de lucha colectiva que los dirigentes promueven, algunos campesinos han revelado que son los legisladores nacionales del ala evista quienes están financiando los gastos de transporte para estas movilizaciones. Además, la estadía de los campesinos en Cochabamba está asegurada por los cocaleros del Chapare, lo que subraya la interconexión entre diferentes sectores de la base social de Morales y su estructura de apoyo político.
Durante este encuentro, Morales tuvo la oportunidad de dirigirse a sus partidarios, donde expuso su visión para el futuro del país. Anunció su intención de implementar una reforma constitucional que beneficie a los campesinos, permitiendo una mayor pertenencia de la tierra a aquellos que tienen pequeñas propiedades. Este tipo de propuestas resuena profundamente en las comunidades rurales, que han sido históricamente marginadas en términos de acceso a los recursos y la propiedad de la tierra.
En el marco de esta dinámica, el actual presidente, Luis Arce, se ha apropiado del modelo económico que su administración ha promovido, argumentando que ha logrado estabilidad en el país. Sin embargo, Morales ha criticado de manera abierta estos logros, advirtiendo que la situación económica empeorará en 2025. Este choque ideológico no solo pone de manifiesto las diferencias entre ambos líderes, sino que también refleja la fragmentación dentro del propio MAS, donde las lealtades y las visiones políticas empiezan a delinearse con claridad.
El ambiente de conflicto y movilización que rodea a Morales y su grupo de seguidores es representativo de una etapa crítica en la política boliviana, donde la lealtad, la identidad y la lucha por el poder están en un constante vaivén. Con el horizonte de un año electoral que se aproxima, estas tensiones podrían intensificarse aún más, mientras diferentes sectores políticos buscan reafirmar su relevancia en un escenario de cambio y desafío.
