
Eduardo Claure
Durante tres lustros, se tuvo la percepción de que el gobernador Morales como su partido fueron vistos como una unidad: que enfrentaban retos políticos juntos, defendiendo el actuar de sus funcionarios y cooperando para establecer acciones de gobierno con un perfil definido como insuperable -acorde a su identidad ideológica- pues su imagen era la de un proceso transformador, “se sobrepusieron a la República” y la rebautizaron. Se pensó, también, que el triunfo electoral para obtener el gobierno era la culminación de una serie de esfuerzos partidistas, y que tanto el partido como el presidente/gobernador/jefe compartirían el triunfo logrado, no por 50 años, sino por 500, como dijeron. Si bien, los hechos durante aquel periodo muestran a estos actores apoyándose mutuamente -se decían “hermanos”-, también existen evidencias que muestra qué, en la actualidad, ya no es así, sino que hoy, se relacionan con altos grados de conflictividad, al punto del rompimiento fáctico, amenazas, insultos y lo más grave: denuncias de mortal peso, respecto a relaciones con el narcotráfico, negociados familiares con minerales estratégicos, retiro por “orden especial” de un centenar de millones de $us del BC, etc. En otros tiempos, estas denuncias hubiesen sido suficientes para sacar un gobierno y meter en la cárcel a un mar de corruptos; pero menos “entre masistas”, porque, supuestamente, “la revolución democrática y cultural” sería, más fuerte e importante que esas denuncias de bagatela, de minucias: donde por mucho menos que esas, están en prisión opositores, por el solo hecho de serlo.
Se sostiene que las motivaciones del Ejecutivo se guían por el interés de su permanencia en el cargo. Se argumenta que este solo se conducirá por aquellas acciones de gobierno que le permitan lograr una mejor posición para enfrentar con éxito la próxima reelección -a pesar de un referéndum como el del 21F o un monumental fraude como el de 2019, para mantenerse en el poder. Por otra parte, se entiende que el (poder) Primer Ejecutivo actúa motivado por la construcción de un legado positivo imperecedero, argumentándose que, este se concentra en construir liderazgo positivo, que lo encumbren como guía de la ex nación, de “su Estado Plurinacional”. Sin embargo, el cargo, no implica en automático que se construyan consensos a su alrededor, ni respeto por sus opiniones y políticas públicas, el liderazgo es una meta dentro de las prioridades del Primer Ejecutivo para un país, pero cuando es solo un fin en sí, para uno sólo, para sí mismo…ahí las cosas cambian. En este contexto interno del MAS-IPSP, ha sucedido que, su militancia empezó a reconocer ya, en la gestión de Catacora, que un partido que no sea democrático no puede aspirar a gobernar democráticamente, de ahí que al comprobarse esta situación, la exigencia partidaria después del primer año de gestión de Arce, “se descubre” que se tendría, con “Evo detrás del trono”, un régimen nada democrático -por decir lo menos- y, que además, difícilmente podría el partido ser cauce de manifestaciones de la voluntad popular militante con la aplicación de instrumentos de participación en la gestión -su Estatuto- y control del Estado que no se agota en los procesos electorales -campañas y promesas-, si sus estructuras y funcionamiento son autocráticos, tal como creía Morales que debía suceder, a su estilo. Algo sucedió con aquel dedazo, omnipotente, justiciero, inapelable, al que habíase acostumbrado en 14 años, a su militancia y a cierta fracción de la ciudadanía no partidaria.
Las motivaciones de los partidos políticos, están guiadas por la búsqueda y permanencia en el poder a través del acceso a la administración del gobierno nacional -especialmente- y subnacional -donde pueda- e implantación de políticas públicas y más específicamente la puesta en marcha de aquellas políticas que le permitan tener una ventaja sobre los demás partidos políticos en el mercado electoral. Esto último, pone en un papel central al Primer Ejecutivo a causa de su posición como ejecutor del poder estatal de gobierno, que puede concretar las políticas del partido, las cuales se establecieron como parte de su ideario político o como parte de la agenda durante la campaña electoral para la conquista del poder, pero, la misma militancia puede cambiar su accionaren contra ruta del propio poder creado, por insatisfacciones propias de muchedumbres acostumbradas al poder fácil, incontrolable e impune: ¡sí puedo, lo hago.! Sin embargo, si los gobernantes no son consecuentes con las propuestas ofrecidas durante la campaña o la base ideológica, tendrán más tarde o más temprano, un impacto negativo directo en su partido político, en el soberano, y en los ciudadanos en general: NO HUBO DESARROLLO. Esto convierte al partido en un agente monitor sobre el Primer Ejecutivo y resalta la importancia de la relación entre el “presidente”, su entorno palaciego y su partido político, y cuando este último se desembaraza del dedazo, adquiere cierta autonomía -por nuevos intereses-, y, “desata acciones políticas de revolución interna”, para tomar el poder negado en 14 años de único poder político personal, individual, tiránico. Este gentío acostumbrado a la prebenda y la corrupción fomentada y protegida, pero, precisamente anulada por ese perverso favoritismo, quiere más: representación, renovación, recambio, poder de decisión sobre la cosa pública incrementada hasta el desborde de las capacidades y disponibilidad de recursos, que no importa, porque no tienen conciencia de los “límites de la dimensión del Estado” y, donde el asalto para las bases postergadas, hallan su ruta: liquidar al del dedazo y asume nuevas formas de poder, asumiendo los mecanismos creados por el mismo dictadorzuelo. Es decir, no son las acciones de la sociedad civil o la clase política opositora/alternativa que hubiesen socavado al poder ignominioso de 14 años, sino que, es desde adentro que el derrumbe procede: metástasis política.
Aquí, sucede que el dueño de la “mitad del partido”, apela a amenazar al pueblo boliviano -incendiándolo-, que no tiene nada que ver con sus problemas internos, siendo que la mayoría boliviana especta atónita este desenlace que involucra a las instituciones encargadas de dirimir sus entuertos y que fueron copadas para, precisamente, practicar el perverso y espurio poder. En este tira y afloja -interno- generar problemas: paros y bloqueos, campaña malévola contra el nuevo Primer Ejecutivo, etc., el jefazo, no atina a comprender en su desquiciada y esquizofrénica actitud, que está causando problemas a sus seis federaciones del trópico cochabambino, a los avasalladores de tierras, a sus adeptos cooperativistas mineros, quienes extralimitan sus demandas y acciones depredadoras de recursos naturales, mientras la cortina de humo de este conflicto pretende invisibilizar, pero que no deja de ser percibido por el conjunto del pueblo boliviano que tiene leves esperanzas democráticas para lo venidero. En este interín, las bases cocaleras son las más preocupadas, por cuanto la presencia activa de su hasta hoy líder, los pone en la vitrina como los que gestan todas estas amenazas midiendo hasta donde, puede su paladín “estirar la pita”, de sus deseos de volver al poder con apoyo de sus bases cocaleras, que parecen ser las únicas de interés mayor; pero que los pone en la mira nacional e internacional, pues, siendo que otros sectores se desembarazaron del ex primer ejecutivo, pues ellos -los cocaleros- también están asumiendo que ya tienen el cuerpo como para asumir acciones sin el agotado liderazgo, sino, que pueden adquirir autonomía política con acciones de renovación, tal y como lo están demostrando quienes reclaman renovación con el otro, el mal menor azul. Mientras, Andrónico, expectante y reelegido por un “único MAS-IPSP”, en vitrina, tomando su tiempo, es joven, con paciencia puede esperar su turno en las seis federaciones y tal vez, en “paralelas”, que deben estar en el imaginario de un nada afiebrado o afiebrados cocaleros de pretensiones MAS autónomas, no en vano salieron audios comprometedores de alta presión hacia el senador: tenía que empezar a curarse en salud y tomar previsiones, de su seguridad, y, también políticas. En este contexto, el MAS-IPSP, a pesar de sus agudos cólicos biliares internos, impone su agenda; Evo, ingresa a fase terminal entendiendo que los ciclos políticos se cumplen inexorablemente, mientras la endeble, dispersa, anodina y residual oposición, sin agenda política parlamentaria o de aproximación exterior rumbo al 2025, se presta al juego de las estrategias masistas, “sin querer queriendo”.


