Leo atravesó la Copa pendiente de Jorge y con la chance latente de ir a verlo a Rosario. Convivió con la situación y la rompió, pero claramente no fue para nada fácil.
El Mundial de Messi, en lo deportivo, fue top.Ocho goles a los 39 años y partidos descomunales. Desde el hat-trick ante Argelia hasta el 2-1 a Inglaterra. Desafió el paso del tiempo y también una situación familiar límiteporque, en ese momento, su papá Jorge ya estaba muy mal, peleando contra una dura enfermedad.Así fue que, durante todos los días de concentración en Estados Unidos, entre viaje y viaje, Leo convivió con esa coyuntura que lo tenía pendiente. Y para cualquier persona, se llame como se llame, no es sencillo.
Messi tuvo picos de emoción en Estados Unidos, por lo que significaba el Mundial y, lógicamente, por esa inquietud que atravesaba su familia, algo que llegó a confesar, casi al pasar, después del partido con Argelia. Mucho llanto, mucha exaltación de sentimientos a flor de piel, mucha sensibilidad. Porque esta vez, su fiel papá, tan importante en su carrera, no pudo acompañarloen la gran cita, como lo había hecho a lo largo de toda su vida. En los palcos estaban Anto, sus hijos y su suegro, pero no mamá Celia. Ni papá Jorge
Con Scaloni a la cabeza, Leo estuvo contenido en la concentración, conviviendo con una problemática que venía atravesando desde hacía tiempo. Siempre manteniéndola en reserva, como prefiere él. Sus amigos del plantel y el cuerpo técnico estuvieron, minuto a minuto, muy atentos a cómo estaba Leo por el estado de salud de su viejo, que desde hacía rato era delicado. Incluso hubo momentos en los que le insistieron para que se volviera en un vuelo privado a Rosario, compartiera un momento con su papá y luego regresara a la concentración. Pero al final se quedó pegado a la Selección, resignando esos momentos con su papá.
El fútbol le permitió a Leo convivir con momentos únicos en el Mundial y, al mismo tiempo, con la situación de Jorge, que la peleaba en Rosario, incluso con internaciones paliativas. En esa montaña de emociones, Messi atravesó su sexto Mundial, dejando todo en la cancha y, al mismo tiempo, pendiente de la salud de su papá.
Fuente: Olé
