El evento tenía todos los adornos típicos de la Ashura, el periodo de luto ritual de los musulmanes chiíes iraníes. La multitud, arrodillada, iba vestida de negro. Se golpeaban el pecho al unísono. Entonces, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamení, hizo señas al hombre que dirigía los cánticos, según mostraron los videos del acto, y le susurró al oído.
El cantante sonrió y entonó una melodía que habría estado muy fuera de lugar en una ceremonia religiosa de la República Islámica hace solo unas semanas: “Ey Irán, Irán”, un himno patriótico.
“En mi alma y en mi espíritu, tú permaneces, oh patria”, cantó, mientras la multitud recitaba la letra después de él. “Desperdiciado sea el corazón que no tiemble por ti”.
Irán ha salido de su guerra con Israel —a la que se unió brevemente Estados Unidos— profundamente herido. Sus defensas militares están maltrechas, su programa nuclear fue vapuleado y su población se ha visto devastada por un elevado número de víctimas civiles durante los 12 días de guerra.
The New YorkTimes
