
Eduardo Claure
En relación a las “promesas no cumplidas” de la democracia directa prometida por el MAS-IPSP -estos 16 años- no sólo se ha renunciado a una defensa más amplia de las instituciones democráticas, sino que se constató el doloroso inventario de las “paradojas” y las “promesas no cumplidas” de la democracia ofrecida (posmoderna?), aclaremos que a pesar de estos “cambios”, no se ha renunciado a sostener que el régimen representativo es preferible a otro, al de la “nueva realidad política y democracia directa” ofrecida, pues estas ofertas no se han cumplido en realidad, no han sido más que “promesas de marinero”: que no podían ser cumplidas, como que no han sido, ni serán cumplidas, por cuanto tres lustros, han dispuesto un renovarse de aquellas promesas del 2005, haciéndolas “más seductoras y atractivas” al 2022, volviéndose el MAS-IPSP, responsable de las mismas infidelidades o incluso de más graves traiciones, solo ha sido eso. La sociedad boliviana y su clase política, advirtió qué, era mejor atenernos a esta democracia así, como un mal menor. Su futuro -y, por lo tanto, su estabilidad- dependía precisamente de la capacidad de los ciudadanos de aceptarla como es, sin perseguir de manera veleidosa “alternativas” que, como ha acontecido para la teoría marxista leninista socialista comunista del Estado bajo la nueva ideología del Socialismo del Siglo XXI (A.G. Linera 2015), se revelan teóricamente inconsistentes y prácticamente peligrosas, tal como comprobamos durante 16 años. Por lo tanto, no queda más que hacer un “llamado a los valores”, a los ideales de la tolerancia y fraternidad -que une a todos los hombres en un destino común- tanto más hoy que, la renovada amenaza nuclear, guerras extendidas, pandemias diversas, catástrofes medioambientales y, en el que parece envolver siniestramente común a este destino, el nuestro.
Aquí también aparece políticamente decepcionante, consignada como lo está, los dudosos recursos del moralismo político, esgrimido por el MAS-IPSP: aquello de “ser la reserva moral de la humanidad”, frente a los hechos de corrupción y narcotráfico galopante, CAMCE, FONDIOC, YPFB, BOA, TIPNIS, CHAPARINA, hasta llegar al caso Nallar, etc., que hasta hoy no han sido castigados y, tal como otros, son hechos irrefrenables e imparables. Si la “democracia real” no es lo que tenemos frente a los ojos y, si lo que tenemos frente a los nosotros no tiene en verdad alternativas, entonces la política amerita motivar un empeño intelectual y civil, de retorno al “democratismo” como opción, no sólo prácticamente comprensible, sino también justificada sobre el plano moral e intelectual. Quizá la raíz de la apatía política que se difunde más en nuestra sociedad está precisamente aquí: en el considerar como no cumplibles las promesas no consumadas de la democracia directa ofrecida, el cambio de Republica a Estado Plurinacional, nacionalización de YPFB, etc., estos sucesos encadenados son una realidad, los cuales se resumen en el hecho de que el proceso de información de la sociedad desde un punto de vista evolutivo de la conservación y recuperación funcional de los delicados mecanismos procedimentales de la democracia y del Estado de derecho, no se han cumplido y, punto. No existe comunicación, sino consignas, slogans, mentiras, estafas a la sociedad boliviana.
Seguramente tales dilemas y desafíos son sustituibles con formas de “ejercicio del poder más eficientes”, en tanto capaces de un mejor empleo de los recursos de dinero, tiempo y atención a los problemas sociales, salud, educación, empleo, industrialización -que nunca llegó- guerra al contrabando, respeto a los DD.HH., respeto a la Ley y a la autoridad, superar la informalidad, el contrabando, guerra al narcotráfico y sus males, etc. ¿La oposición mostró una alternativa a esta propuesta de Estado Plurinacional fallido? No, se solazan manteniendo curules de bajísimo perfil.
Nos encontramos frente a una notable pérdida de capacidad evolutiva y expansiva de las instituciones democráticas. Su evolución, al menos en los dieciséis últimos años, habrían marcado un progreso constante de las “conquistas revolucionarias” de los derechos del hombre y el ciudadano, a la realización de la perfección del sufragio electoral, a la tutela de los “derechos sociales y comunitarios”, pero nada de ello ha sucedido. Esta parábola evolutiva, que en las aspiraciones de los hoy “progresistas” habría llevado en forma gradual gracias al Socialismo del Siglo XXI -y por tanto a la igualdad sustancial, a la participación política generalizada y a la extinción del Estado colonial- hoy parece detenerse en forma brusca en presencia de un verdadero y propio “cuello de botella” evolutivo cuyos riesgos ya son dramáticamente evidentes en la crisis del Estado Plurinacional fallido y en las involuciones de la democracia autoritaria, tecnocrática y liberal/capitalista que demuestra que nada ha cambiado. Este desencantado realismo de los caracteres y las tendencias de la “democracia real” posdemocracia pactada, no hay duda, pese a todas las prometidas “transformaciones que los nobles principios democráticos directos” han soportado -más bien- contaminándose con la escasamente noble realidad de la política práctica, perversa, totalitaria y corrupta del proceso de cambio.
Entonces, sigue siendo todavía verdadera la afirmación de que: ¿estamos dispuestos a reconocer esta democracia todavía como válida dieciséis años después? Si mantenemos la impostación originaria como término del parangón la “era de la tiranía”, esto es, los totalitarismos del Socialismo del Siglo XXI, seguramente NO. Pero, aún podemos preguntarnos: ¿Qué ulteriores transformaciones ha soportado la democracia? ¿se puede identificar una dirección, al menos predominante, por la que se han ido moviendo todas estas transformaciones? ¿Aumentó o disminuyó la distancia del modelo ideal que fija las connotaciones esenciales, las condiciones de la democracia, en un paradigma de reglas correctamente aplicadas? ¿Qué pasa con la condición de inclusión y equilibrios tan pregonada? Asimismo, frente a los efectos distorsionantes de la representación política manoseada y deformada ¿qué pasa con la condición de equivalencia de los votos urbanos y rurales? Frente a las grandes concentraciones económicas de los medios de comunicación oficiales, ¿qué pasa con la condición de pluralismo informativo requerida implícita pero claramente en la regla donde se habla de la libre formación de las opiniones y de las decisiones de los ciudadanos? ¿Frente a los cambios referentes a los “liderazgos” de la vida pública que reducen las campañas electorales a duelos personales por la conquista del cargo monocrático supremo, decidido por el dedazo del jefazo, ahora será del Ejecutivo Arce Catacora y Choquehuanca? La ALP dejó de ser representativa y se convirtió en una cámara registradora de las decisiones gubernativas, ¿qué pasa con la condición de pluralismo (propiamente) político requerida? Y, frente a la configuración de la dialéctica política como un juego de suma cero en el que “quien gana se lo lleva todo”, ¿no se debería hablar de un abuso del principio de mayoría enunciado como una simple cuestión de eficacia de la democracia sin contrapesos políticos? En fin, frente a las repetidas y extendidas violaciones de los derechos fundamentales, especialmente de los derechos sociales, políticos, aunque también de los derechos de libertad, por parte del “gobierno de la democracia real y directa” en las más recientes vicisitudes políticas, y frente a las alteraciones de la separación de poderes, ¿Qué hay de los “derechos de las minorías” como condición para la supervivencia de la democracia? ¿Qué hay de la judicialización criminal de la política? ¿Qué hay del estigma del narco Estado? ¿Qué hay del sistema judicial corrupto? ¿Qué hay de la falsa guerra contra el imperio? ¿Qué hay de la falta de políticas sin visión país? ¿Dónde quedó el 21F? ¿Y, el fraude monumental del 2019? ¿Qué fue de la autodeterminación de los pueblos y el proceso autonómico? Una democracia participativa nos podría sacar de este perverso entuerto, eso debe entender “la oposición” y, hablar de un correlato o plataforma de fuerza política única para las elecciones nacionales del Bicentenario. Aún hay tiempo.?!
Analizando el último decenio y medio de vida de ésta “democracia real y directa”, es claramente reconocible un proceso de degeneración tendente a hacer asumir a la democracia connotaciones de una forma diferente de gobierno, que podría calificarse como “autocracia electiva”, pues aplicando incorrectamente o alterando las reglas del juego, la institución de las elecciones -TSE- queda reducida a un método para la investidura personal de un “jefe”, cada vez menos dependiente de los órganos representativos y cada vez menos condicionado por vínculos y controles. En consecuencia: ¿está la democracia en su crepúsculo? La respuesta es la siguiente: No, ciertamente, el análisis de casos concretos de la experiencia política mediante los instrumentos conceptuales ofrecidos por los teóricos del MAS-IPSP y del Socialismo del Siglo XXI, de las reglas de juego planteadas en los últimos discursos/arengas de Arce Catacora y Choquehuanca, incluidos en los de Evo Morales y diversos dirigentes del MAS-IPSP, induce a una preocupación por la suerte de la democracia, mucho mayor que la NO planteada por “la oposición”, prácticamente pesimista, manifestaba hasta ahora desde hace dieciséis años: sin propuesta definida, vacío total y sin alternativa conocida y menos socializada. Prefieren ser perseguidos, en esta lucha de sobrevivencia -masoquista- que parecen disfrutar. No hay otra explicación, a menos que la justifiquen. Aun cuando tengan un As bajo la manga, ésta será inoportuna e inútil, pues si pretenden mostrar alternativas el 2024, será -Dios no lo quiera- tarde.

