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Las empresas europeas están en el limbo de la incertidumbre arancelaria

Mientras los negociadores de la Unión Europea redoblan sus esfuerzos para conseguir un acuerdo comercial con Estados Unidos, las empresas europeas enfrentan una prolongada incertidumbre que hace que planear sea complicado, además de costoso.

La amenaza lanzada el sábado por el presidente Donald Trump de aplicar un impuesto del 30 por ciento a los productos importados de la Unión Europea pone ante las empresas unos niveles arancelarios que no se veían desde finales del siglo XIX. Lo peor, dicen muchos, es que se encuentran en el limbo, sin poder tomar decisiones sobre estrategia, contratación e inversiones.

“Seamos sinceros, una propuesta de arancel del 30 por ciento es, en la práctica, prohibitiva para el comercio mutuo”, dijo el lunes a la prensa en Bruselas Maros Sefcovic, Comisario de Comercio de la Unión Europea. “La incertidumbre actual causada por aranceles injustificados no puede persistir indefinidamente”, añadió.

La Unión Europea es el mayor exportador a Estados Unidos, con 600.000 millones de los 3,2 billones de dólares de importaciones anuales estadounidenses.

La reciente amenaza de Trump es más severa de lo que anticipaban las empresas europeas. Muchas asumían que los negociadores europeos llegarían a un acuerdo que incluiría el arancel inicial de Trump del 10 por ciento, al tiempo que trabajarían para obtener concesiones en sectores clave como el automotriz, el del acero y el aluminio. Desde abril, Trump ha amenazado con elevar el arancel sobre los productos europeos al 20 por ciento, y luego al 50 por ciento, antes de dar marcha atrás, confundiendo a los ejecutivos.

En última instancia, las empresas esperan un acuerdo más favorable, pero los costos de la política arancelaria errante aumentan cada día que pasa antes de la nueva fecha límite del 1 de agosto establecida por Trump.

“Incluso si las negociaciones terminan por evitar los nuevos aranceles más elevados, cuanto más demore llegar a ello, más daño económico se acumulará”, dijo Salomon Fiedler, economista del Berenberg Bank.

Muchas empresas son cautelosas a la hora de quejarse públicamente, especialmente las marcas europeas que son populares entre los consumidores estadounidenses. Los ejecutivos temen convertirse en blanco de la ira de Trump en redes sociales.

Sus socios comerciales en Estados Unidos también temen llamar la atención de Trump si se quejan de los precios más altos que tendrían que pagar, y que probablemente repercutirían en los consumidores estadounidenses.

“Desde el punto de vista de relaciones públicas, las empresas no quieren verse en las publicaciones de redes sociales”, dijo Nadia Lovell, estratega sénior de acciones estadounidenses de UBS, durante una llamada con los medios de comunicación la semana pasada.

David Deissner, director de la Fundación para la Empresa Familiar, que representa a unas 600 firmas en Alemania, dijo que las compañías le están diciendo que la situación es como estar constantemente “cambiando del freno al acelerador”.

The New YorkTimes

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