La zafra azucarera no es solo una actividad agrícola más en el calendario productivo del sur de Bolivia; es, para Bermejo y todo el departamento de Tarija, un motor económico, un generador de empleo y un pilar de cohesión social. Garantizar su realización en 2025 no solo representa una responsabilidad técnica y logística, sino una prioridad de Estado con profundas implicancias socioeconómicas.
Cada año, la zafra moviliza a miles de trabajadores, dinamiza el comercio local, activa el transporte, estimula el consumo interno y aporta significativamente a las arcas municipales. En una región como Bermejo, que enfrenta permanentes desafíos estructurales y de desarrollo, la paralización de esta actividad significaría un golpe devastador para su economía, profundizando el desempleo, la migración forzada y la conflictividad social.
Además, la zafra sostiene una cadena productiva que va desde el pequeño productor cañero hasta la industria azucarera, pasando por servicios de maquinaria, insumos agrícolas y actividades terciarias. Interrumpirla o reducirla por falta de planificación, inversión o acuerdos institucionales entre el Estado, el ingenio y los productores, sería dar la espalda a cientos de familias que dependen directamente de esta actividad para subsistir.
En este contexto, resulta urgente que las autoridades nacionales, departamentales y locales actúen de forma coordinada para garantizar las condiciones necesarias: financiamiento oportuno, mantenimiento de caminos, acceso a combustible, estabilidad laboral y acuerdos justos con los ingenios. La zafra 2025 no puede depender del azar ni de decisiones de último momento. Su planificación debe ser una política pública con enfoque de desarrollo regional.
Bermejo necesita más que discursos: requiere compromiso real con su principal actividad económica.
