InicioEditorialLa urgencia de asegurar la producción de harina

La urgencia de asegurar la producción de harina

La estabilidad en el abastecimiento de harina es un pilar silencioso, pero decisivo, para la economía boliviana. Cada panadería del país depende de un suministro constante y accesible de este insumo, y cada hogar boliviano siente, tarde o temprano, las consecuencias de su escasez o encarecimiento. Hoy, Bolivia enfrenta el desafío de incrementar su producción de harina para garantizar precios estables, proteger a los panificadores y reducir la dependencia de importaciones que suelen ser costosas y vulnerables a factores externos.

Para lograrlo, el primer paso es invertir decididamente en el fortalecimiento del sector agrícola, especialmente en la producción de trigo. El país mantiene históricamente un déficit: produce menos de la mitad del trigo que consume. Sin ampliar la frontera agrícola de manera planificada, mejorar el riego y asegurar semillas de alta productividad, cualquier intento de elevar la producción de harina será insuficiente. Las tecnologías modernas de cultivo y la mecanización deben dejar de ser una excepción para convertirse en norma, particularmente en Santa Cruz y en zonas con potencial productivo.

En segundo lugar, es imprescindible modernizar la industria molinera. Muchas plantas operan con equipos obsoletos que reducen la eficiencia y encarecen los costos. Un programa estatal de incentivos —créditos blandos, acceso a maquinaria y facilidades tributarias— permitiría a los molinos aumentar su capacidad, reducir pérdidas y ofrecer una harina de mejor calidad.

El tercer componente es la estabilización de políticas públicas. El sector agrícola y molinero necesita reglas claras y duraderas: precios justos, acceso a combustibles garantizado y una política de importaciones coherente que no desincentive la producción nacional. La incertidumbre normativa ha sido, por décadas, uno de los principales frenos para que los productores inviertan y crezcan.

Se requiere fortalecer la articulación entre productores de trigo, molineras y panificadores. Un sistema de compras programadas o contratos a futuro ayudaría a equilibrar la oferta y la demanda, evitando los recurrentes episodios de escasez que cada año ponen en riesgo el precio del pan.

Si Bolivia quiere asegurar su soberanía alimentaria y proteger a miles de panificadores que sostienen la mesa diaria del país, debe apostar por una estrategia integral.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEIDO