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¿La Unidad Política para salvar la Patria y la Democracia por qué no llega…?

Eduardo Claure

A la luz de los hechos por los que atraviesa Bolivia, la oposición no ha logrado posicionar en el imaginario nacional una idea fuerza que cohesione acciones colectivas hacia un norte, frente a un peligro que se cierne sobre esta Patria Republicana y el sistema democrático, que mal que bien, permite una mediana convivencia pacífica, relaciones sociales casi tolerantes, con espacios en desarrollo en materia de respeto en el marco de los DD.HH. y un débil imperio de la Ley. Un Estado débil, pero no imposible de fortalecerlo. Asimismo, en voces de algunos columnistas y otras personas del mundo político, se oye por doquier “Unidad, Unidad”, pero están fragmentados; hablan de “desprendimiento” y no ceden; mencionan “cohesión” y se dispersan; comentan de “conversaciones” y no se dirigen la palabra, etc. Los políticos no se preguntan qué opina el pueblo votante luego de la convocatoria a la unidad efectuada por el Comité Cívico de Santa Cruz -hace varios años atrás- que luego se desentendieron en un panfleto suscrito por la “oposición”, de varios puntos, que al final, fue más de lo mismo. Parto de  los montes. Por estos elementos la dispersión es casi una acción política suicida. Este resultado, son un fuerte llamado de atención de la ciudadanía, que en diversos sondeos de opinión ciudadana muestran el alto grado de desbande sobre lo cual la “clase política” tiene poco que justificar.

El proceso de cambio separó tanto a la oposición con el estigma de la democracia pactada, como si una pretendida unidad, sería de resultados calamitosos como fue la experiencia de la UDP, que terminó siendo una Torre de Babel: pretendiendo confirmar que la “clase política” no habla una misma lengua. Si bien los partidos políticos existen o se organizan para competir, para rivalizar en la toma del poder y, supuestamente, la unión está fuera de sus principios para atender situaciones de alta complejidad política o ideológica, esta perversa coyuntura exige ponerse a prueba: por la Ley, la Democracia y la Justicia.  

Los alternativos al MAS, han venido pugnando entre ellos por quien será el que vaya a segunda vuelta sin terminar de entender que la posición ciudadana clama porque  debieran estar trabajando por un liderazgo que no solamente supere el 50% más 1, sino, supere con una mayoría parlamentaria fuerte con capacidad de enfrentar lo que se vendrá posteriormente: eliminar la corrupción en el sistema judicial y los contubernios del TCP y, de otras entidades, -como una muestra de devolverle confianza y certeza a la arquitectura institucional democrática y darle certidumbre al pueblo, que esta vez, sí, se reconducirá el destino de la nación-; en el objetivo de que se necesita un gobierno fuerte, con carácter y don de mando, no hay tiempo para un ejecutivo de  pusilánimes y medias tintas o, una asamblea legislativa que establezca con suficiente capacidad e idoneidad la arquitectura legislativa que se necesita para enfrenar este reto del siglo: construir una institucionalidad democrática proba, dura, rígida e inflexible con los males implantados por el MAS-IPSP durante 16 años y, dotar a Bolivia de un Estado de Derecho, real y toda prueba. Pero, ojo, como cernir a los viciosos y delincuentes políticos recurrentes.?

Finalmente, la perspectiva absoluta de democracia, constitucionalismo e institucionalidad, supone que la discusión democrática para ser tal debe ser emancipadora, no debe sujetarse a presupuestos, condiciones ni límites fijados por derechos preestablecidos de algún sector, clase o grupo de pertenencia territorial (cambas, collas, altiplánicos, chapacos, indígenas y, ahora interculturales). Subyace a esta concepción la visión de democracia exclusivamente como procedimiento, librada de cualquier definición sustancial o valor permanente, puesto que todo estaría sujeto a una libre discusión, o sea, que los derechos actúen a la vez como condición, límite y resultado de un nuevo proceso democrático aglutinador, donde se respete la ley. Se podría inaugurar así, una época inédita en política donde se fundan en una cohesión social con “los otros” en función de una “COMPLEMENTARIEDAD” que logre un objetivo superior el 2025. Este desafío de alcanzar un hecho político complementario, sería posible únicamente “conjugando con el otro, con los otros”, lo contrario significará que fusionar y armonizar ideas y objetivos superiores no son los objetivos políticos actuales y prevalecerá lo mezquino y sórdido del político miserable. Nunca entenderán la maravillosa complementariedad, tan necesaria e imprescindible hoy. Uno de los principios fundamentales de la teoría quántica explica qué, el PRINCIPIO DE LA COMPLEMENTARIEDAD, afirma que las dos maneras de describir o interpretar la materia, es: como onda o como partícula, se complementan una a la otra, y el cuadro solo surge del “reparto de contenidos, cuando son uno”, no cómo simbiosis, sino como complementos. Pero claro, estamos hablando de políticos, no de físicos.

En la época de la euforia autonomista, faltó decisión política de verdad, no se colectivizó una estructura orgánica firme interregional de la Media Luna. Faltó objetividad, cohesión social bajo un programa de acciones de información y formación. Primaron los personalismos y el regionalismo criollo electorero bajo caudillos a los que les faltó capacidad para articular un único frente ante la avalancha azul que se venía como tsunami. Nunca se habló de unidad e integridad, hasta que se dieron cuenta que se había cedido espacio político, casi irremediablemente perdido. Políticos tengan el coraje de recuperarla. 

En la actualidad, debiera permitirse construir una acción colectiva multipartidaria, organizacional, de plataformas, sectores productivos, sindicales, de estudiantes, de profesionales, vecinales, del campo, las ciudades y otros, que se constituyan en proponentes de ideas proactivas por una Bolivia Única, que trabajen un programa de integración, una plataforma donde estén presentes actores políticos y no políticos, desarrollando acciones con moral y ética, que oficien con desprendimiento y pensando en una Patria que salga de ese ostracismo perverso que impide relacionar oriente y occidente en un haz de voluntad por la integridad nacional y destierre las mafias político empresariales que intentan junto a regionalistas secantes y eternos discriminadores que, no entienden el enaltecedor pensamiento de la COMPLEMENTARIEDAD entre regiones diversas, no solo oriente y occidente, sino de todas las que componen nuestro país, de diversos y ricos pisos: ecológicos, culturales y económicos. No entender que superar la izquierda, el centro y la derecha político ideológica, es posible superarlas como política de Estado para el Desarrollo partiendo de pensar, entender y accionar los elementos de la complementariedad como pensamiento que señala la filosofía, a más de las ciencias como la física, la historia, la sociología y la antropología. ¡¡Es necesario cambiar el vino a odres nuevos y no volverlo a poner en odres viejos…!!

Finalmente, es necesario políticamente y por estrategia que se lleve a cabo una CUMBRE POLITICA NACIONAL DEMOCRATICA, para decidir el futuro de Bolivia con democracia, la sobrevivencia política, la reconducción del desarrollo y una visión de país único, integro, diverso, multiétnico, multicultural y plurilingüe -Republica Federal- frente a la amenaza azul que tiene estructura, identidad política ideológica y una energía y ansia de poder que proviene -originalmente- de su pasado postergado y excluido de la historia como parte de este continuo boliviano, inconcluso, saqueado, desmembrado territorialmente y, extraviado ante las afiebradas consignas del “proceso de cambio” salpicada del narco poder, que está llevando a esta querida patria boliviana al borde de un despeñadero trágico: políticamente y en términos de su integridad y su desarrollo. Entonces, no solamente el MAS es un riesgo. Hay que aprender de nuestra historia y obrar en consecuencia: entonces, hágase una reflexión profunda: la desidia opositora es, casi tanto peligrosa como los actos radicales del MAS. 

Esa opción de una coalición para enfrentar un nuevo proceso electoral, 2025, requiere que los políticos dispongan de una capacidad intelectual de deliberación y coherencia, esto es, de racionalidad. Debido a la existencia de una pluralidad de fines a perseguir por los ciudadanos y la clase política, así como de intereses que éstos defienden en sociedad, la asunción de la condición de racionalidad se atribuye únicamente a la decisión individual de elegir los medios que cada uno considera más adecuados para la consecución de sus objetivos específicos configurándose, así como una racionalidad instrumental en el fin último de “ser coalición”, pueda darse.

Ya se mencionan, con cierta insistencia, la necesidad de que se abran las compuertas del dique de contención partidaria y a iniciativa de alguna fracción política, de algún referente social o de un reconocido hombre o mujer (sobresaliente en algunos aspectos de su vida) que decidan convocar a un largo conversatorio que conlleve a organizar, armar, preparar, diseñar y poner en marcha lo que podrá en algún momento ser una alternativa que conduzca los pasos a la renovación del mando de la nación. Este nuevo interés por un gobierno de coalición habrá decidido, desde un primer momento, superar reticencias y prejuicios centrados en la crítica de los efectos nocivos del multipartidismo, así como con la necesidad y deseabilidad de asegurar un futuro gobierno fuerte y estable. Políticos, NO pueden perder esta oportunidad, podría ser la última. 

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