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La macabra combinación que desencadena el luto en las carreteras


                               
Es parte de nuestra realidad y aprendimos a vivir con esa noción. Las carreteras de Bolivia están plagadas de muerte y luto, no importa la que Ud. elija, no importa la que Ud. transite, en todas son muy notorias las cruces que se encuentran en distintos puntos, quiénes nacimos y crecimos en este bendito suelo, casi no notamos estos penosos detalles, estamos tan acostumbrados a verlos que ya son parte de nuestra memoria correlativa, pero es bueno hacer un alto y preguntarnos por qué, por qué tantos accidentes, por qué tantos muertos, por qué tanta tragedia.

Los relatos de viajes y caminos, están llenos de tristes historias, hay cientos, por no decir miles, pero es que no pueden seguirse repitiendo. Tal vez algunos dirán que en todas las carreteras del mundo suceden hechos similares, es posible, pero que así sea no nos calma ni tranquiliza, porque vemos y vivimos de cerca estas realidades y creemos que en Bolivia se presentan ciertos denominadores comunes, que pasan por el descuido y la irresponsabilidad.

Un factor determinante es el mal estado de los eternamente complicados caminos, que en muchos casos, no reciben el adecuado mantenimiento.
El pésimo estado técnico de los buses de pasajeros, que no son sometidos a controles permanentes y constantes, que casi no dejan de viajar sin una revisión profunda entre un trayecto y otro, peor aún si remarcamos que un gran número de vehículos no cuentan con las certificaciones de calidad y seguridad, simplemente porque son hechos, armados, en Tarija, lo que se suma al no importismo cómplice de la Policía y el Municipio, que deberían ser estrictos en dichos controles y las veces que sean necesarios.  También influye la explotación de ciertos empresarios del transporte, que obligan a necesitados choferes a tener que manejar más horas de las permitidas, arriesgando la vida de cientos de pasajeros, conductores cansados por largos trayectos de interminables horas, que no cuentan con un relevo ni el reposo que les permita recuperarse. Igualmente juega un rol decisivo la irresponsabilidad de muchos de ellos, unos que no se preocupan por verificar el estado del motorizado, otros que se ponen detrás del volante en estado de ebriedad o que van bebiendo durante el mismísimo viaje. Un grado alarmante de inconsciencia que raya en lo absurdo. Y encima, aquellos que exceden los límites de velocidad e inobservan reglas de tránsito tan elementales, como el no pretender superar otro vehículo en plena curva. En fin, esperemos que las trágicas experiencias enseñen y muevan a las autoridades, empresarios, choferes, pasajeros y población en general, a tomar cartas en el asunto en lo que a cada quién le corresponde, para evitar más desgracias.

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