Hoy en día estamos viviendo una transformación tan grande que a veces, ni siquiera nos damos cuenta cómo ha cambiado nuestra vida cotidiana. Las nuevas tecnologías y el entretenimiento digital llegaron para quedarse, y aunque es cierto que nos hacen la vida más fácil en muchas cosas, también han afectado profundamente el hábito de la lectura recreativa; antes, leer era una actividad común, casi natural; hoy en cambio, pareciera que sentarse con un libro es un lujo que pocos se permiten. La constante disponibilidad de videos, redes sociales y contenido inmediato nos está empujando a olvidarnos de los libros, y eso tiene consecuencias más serias de lo que imaginamos.
Teresa Rosemary Alfaro Ibañez
Las redes sociales están diseñadas para atraparnos, para que pasemos “un ratito más” que termina siendo horas, lo mismo pasa con los videos, los juegos y todas las aplicaciones que compiten por captar nuestra atención. La lectura, que requiere tiempo, paciencia y concentración, queda relegada, es como si la tecnología nos empujara a elegir siempre lo más fácil y lo más rápido; este cambio, aunque ofrece nuevas formas de acceder a información, también plantea desafíos enormes, sobre todo en el desarrollo de habilidades críticas y de comprensión, que verdaderamente solo se fortalecen con la lectura.
Algo que también se nota mucho, es cómo la tecnología ha cambiado la comunicación dentro de las familias. Antes, la lectura en casa era una actividad compartida; alguien leía un cuento, otro contaba una historia, se conversaba más, ahora, cada quien está en su propio mundo, mirando su celular. Aunque no queramos admitirlo, la tecnología está acaparando a las y los estudiantes, incluso al punto de que dejan de hacer deporte, pierden interés por actividades sociales y por supuesto, ya no leen ni escriben correctamente; lo digital se ha convertido en un factor predominante que influye en las debilidades lectoras, en la ortografía y hasta en la expresión oral y escrita.
No se trata de satanizar la tecnología, porque tiene ventajas, pero tampoco podemos negar que ha cambiado la manera en que las y los adolescentes se relacionan con la información. Antes, había más libros en circulación, más ganas de buscar en bibliotecas, más curiosidad por leer; hoy en cambio, casi todo se busca en internet, los estudiantes no quieren leer un capítulo de algún texto cuando pueden ver un resumen en video en dos minutos; y esa rapidez, aunque práctica, está robando la atención necesaria para disfrutar de un libro, para comprender un texto, o simplemente para detenerse a reflexionar sobre lo que se está leyendo.
En lugar de abrir un libro, muchos adolescentes prefieren pasar su tiempo en redes sociales, viendo videos, o haciendo actividades que no requieren esfuerzo mental, y aunque cada quien tiene derecho a disfrutar del entretenimiento, lo preocupante es que esta atracción por lo digital está desplazando completamente el interés por los libros; la lectura necesita tiempo, calma y disposición, y justo eso es lo que el entretenimiento digital nos quita cada vez más.
Lo que estamos viendo es que las nuevas tecnologías han llegado a perjudicar el desarrollo del hábito de la lectura recreativa, por supuesto no de manera intencional, pero sí se han convertido en un obstáculo importante; cada vez se lee menos, cada vez cuesta más concentrarse y cada vez es más difícil entretenerse con una historia, esto afecta directamente la práctica de la lectura y amenaza la supervivencia de los libros tal como los conocemos.
Pero también es cierto que no todo está perdido, de hecho, hoy más que nunca es importante fomentar la lectura y hacerlo de una manera que conecte con la realidad de las y los estudiantes; no podemos obligarlos a desconectarse de los dispositivos digitales cuando su vida entera gira alrededor del celular, internet y las redes sociales. Por eso, la mejor manera de fomentar la lectura es utilizar los mismos medios que ellos dominan, no se trata de pelear contra la tecnología, sino de integrarla de manera inteligente en los hábitos de lectura.
Hay muchas maneras de lograr que las nuevas generaciones vuelvan a interesarse por la lectura, existen audiolibros, plataformas de lectura digital, clubes de lectura en línea y hasta la gamificación; si usamos las herramientas adecuadas, podemos transformar lo digital en un aliado en lugar de verlo como un enemigo. La idea es que las y los estudiantes se sientan cómodos y seguros con lo que hacen, que la lectura no les parezca una actividad aburrida o anticuada, sino algo que también puede hacerse desde el mundo digital.
La transformación que se está viviendo con la llegada de las nuevas tecnologías es sorprendente, pero también preocupante; no se puede negar que las redes sociales y el contenido multimedia son entretenidos, pero esa distracción constante nos impide disfrutar de la lectura, y la lectura no es solo un pasatiempo; es una herramienta vital para el aprendizaje y el desarrollo personal y académico de las y los estudiantes. A través de los libros se construye el vocabulario, se estimula la imaginación, se mejora la escritura y se desarrolla el pensamiento crítico, son beneficios que no se obtienen viendo videos de pocos minutos o segundos.
Es necesario reflexionar sobre el impacto del uso excesivo de los dispositivos electrónicos, no se trata de prohibirlos ni de volver al pasado, sino de encontrar un equilibrio. Podemos disfrutar de la tecnología sin dejar de leer, podemos usar aplicaciones sin perder el hábito de la lectura recreativa y podemos enseñar a las nuevas generaciones que el entretenimiento digital no debe reemplazar las experiencias profundas que brindan los libros.
Promover el hábito de la lectura en esta era digital no es solo una tarea de la maestra o maestro, es un compromiso de toda la sociedad; las familias pueden establecer espacios diarios de lectura, aunque sean diez minutos, las unidades educativas pueden incluir actividades que mezclen lo digital con la lectura y nosotros, como parte de la comunidad educativa, podemos ser el ejemplo; porque si las y los adolescentes ven que los adultos también leen, ellos también lo harán.
En el fondo, todo se reduce a una idea muy simple; leer nos hace mejores, nos vuelve más críticos, más creativos, más reflexivos, nos da herramientas para comprender el mundo y para expresarnos con claridad. No podemos permitir que la rapidez de lo digital apague la profundidad de la lectura, necesitamos recuperar ese hábito, no para volver al pasado, sino para construir un futuro más consciente y crítico.
Las nuevas tecnologías seguirán avanzando, seguirán cambiando nuestra forma de vivir y seguirán ofreciendo entretenimiento sin límites, pero eso no significa que tengamos que renunciar a los libros, más bien, significa que debemos adaptarnos, encontrar nuevas maneras de leer, nuevos formatos y nuevas motivaciones. La lectura recreativa sigue siendo una de las experiencias más ricas y transformadoras que existen, y debemos hacer todo lo posible para que no se pierda en esta era dominada por las pantallas digitales.
