lunes, mayo 4, 2026
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La idea es cambiar para bien… no al contrario

EDITORIAL

Una serie de factores en el tiempo han hecho que nuestros propios hábitos vayan cambiando y nos volvamos más desconfiados y menos despreocupados, el formato del chapaco tradicional está siendo desterrado por el del tarijeño citadino que aprende a mirar bien dónde debe pisar. La situación obliga, si se analiza el aumento de los índices de criminalidad, los casos que se denuncian cada fin de semana, heridas o agresiones con armas punzo cortantes, violencia intrafamiliar, uso de armas de fuego en robos o asaltos, viviendas invadidas por mal vivientes a plena luz del día, negocios atracados a vista y paciencia de medio mundo. La ciudad de Tarija no es más la apacible villa de antaño, esos tiempos han cambiado y las buenas costumbres se pierden, por el contrario, se ha ido convirtiendo en una urbe peligrosa en la que hay que pensar muy bien hasta qué hora y por dónde se puede caminar.

Aún no tenemos mecanismos que mejoren la seguridad ciudadana, no estamos dando los pasos necesarios, si no se fortalece nuestra policía, si no se trabaja en reforzar los principios y valores de nuestros uniformados, mejorando sus ingresos y por ende sus condiciones de vida, si no cualificamos nuestros administradores de justicia y desterramos la corrupción de ella, son muchos pasos mínimos necesarios si de verdad queremos luchar contra la inseguridad y convertir a nuestra ciudad en un lugar donde caminar por dónde sea y a la hora que sea, signifique un verdadero placer con las garantías necesarias.

Una serie de factores en el tiempo han hecho que nuestros propios hábitos vayan cambiando y nos volvamos más desconfiados y menos despreocupados, el formato del chapaco tradicional está siendo desterrado por el del tarijeño citadino que aprende a mirar bien dónde debe pisar. La situación obliga, si se analiza el aumento de los índices de criminalidad, los casos que se denuncian cada fin de semana, heridas o agresiones con armas punzo cortantes, violencia intrafamiliar, uso de armas de fuego en robos o asaltos, viviendas invadidas por mal vivientes a plena luz del día, negocios atracados a vista y paciencia de medio mundo. La ciudad de Tarija no es más la apacible villa de antaño, esos tiempos han cambiado y las buenas costumbres se pierden, por el contrario, se ha ido convirtiendo en una urbe peligrosa en la que hay que pensar muy bien hasta qué hora y por dónde se puede caminar. Aún no tenemos mecanismos que mejoren la seguridad ciudadana, no estamos dando los pasos necesarios, si no se fortalece nuestra policía, si no se trabaja en reforzar los principios y valores de nuestros uniformados, mejorando sus ingresos y por ende sus condiciones de vida, si no cualificamos nuestros administradores de justicia y desterramos la corrupción de ella, son muchos pasos mínimos necesarios si de verdad queremos luchar contra la inseguridad y convertir a nuestra ciudad en un lugar donde caminar por dónde sea y a la hora que sea, signifique un verdadero placer con las garantías necesarias.