InicioEditorialLa campaña de las ausencias… Tarija sin rumbo

La campaña de las ausencias… Tarija sin rumbo

Tarija atraviesa una campaña electoral marcada más por los silencios que por las ideas. A medida que se acercan los comicios municipales, crece una sensación inquietante entre la ciudadanía: la preocupante ausencia de propuestas claras, viables y con visión de futuro por parte de quienes aspiran a gobernar la ciudad. No se trata de una percepción aislada ni de un juicio apresurado, sino de una constatación que se repite en foros, debates y apariciones públicas de los candidatos a la Alcaldía.

El intercambio de acusaciones, los discursos genéricos y las consignas vacías han sustituido a los planes de gobierno. Pocas veces se escucha una explicación seria sobre cómo enfrentar los problemas estructurales de Tarija: el estancamiento económico, la falta de empleo, el deterioro de la infraestructura urbana, la crisis del transporte, la inseguridad ciudadana o la urgente necesidad de modernizar la gestión municipal. En lugar de propuestas, abundan los eslóganes; en lugar de visión, se impone la improvisación.

Tarija no es una ciudad sin desafíos. Por el contrario, es un municipio que requiere decisiones audaces, planificación a mediano y largo plazo y liderazgo con capacidad técnica y política. Gobernar hoy implica pensar en la ciudad que vendrá dentro de diez, veinte o treinta años: cómo crecer sin perder identidad, cómo atraer inversiones, cómo integrar a sus barrios y comunidades, cómo aprovechar su potencial productivo, turístico y cultural. Sin embargo, esa mirada estratégica brilla por su ausencia en la mayoría de los discursos de campaña.

Preocupa, además, que muchos candidatos parezcan más concentrados en el cálculo electoral inmediato que en la construcción de un proyecto de ciudad. Se habla poco de sostenibilidad financiera, de transparencia, de eficiencia administrativa o de participación ciudadana real. Tampoco se observa un esfuerzo serio por explicar de dónde saldrán los recursos para cumplir promesas ni cómo se articulará el municipio con el departamento y el nivel central del Estado.

La pobreza del debate no solo empobrece la campaña; empobrece la democracia. Cuando los candidatos no ofrecen ideas, es la ciudadanía la que pierde la oportunidad de elegir con información y criterio. El voto se convierte entonces en un acto de fe, de rechazo o de resignación, y no en una decisión consciente sobre el futuro colectivo.

Tarija merece más. Merece candidatos que comprendan la complejidad de la ciudad, que escuchen a la gente, que se rodeen de equipos técnicos y que se animen a plantear soluciones, aunque sean incómodas o políticamente costosas. Merece una campaña que eleve el nivel del debate y que convoque a pensar en grande, más allá del corto plazo.

El silencio de las propuestas es una alarma que no debe ser ignorada. Aún hay tiempo para rectificar, para pasar del discurso fácil a la idea concreta, de la crítica estéril a la propuesta responsable. De lo contrario, el riesgo es claro: Tarija seguirá administrándose sin rumbo, atrapada en la inercia y desperdiciando oportunidades que no volverán.

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