InicioEditorialInvierno y salud pública… la prevención no puede esperar

Invierno y salud pública… la prevención no puede esperar

Con la llegada de las bajas temperaturas al departamento de Tarija, vuelve también una amenaza que cada año golpea con fuerza a miles de familias: el incremento de las infecciones respiratorias agudas, especialmente entre niños y adultos mayores, los sectores más vulnerables frente al frío, los cambios bruscos de temperatura y la circulación de virus estacionales. Lo preocupante es que, pese a tratarse de una situación recurrente y previsible, muchas veces la respuesta institucional continúa siendo tardía, limitada y reactiva.

Las autoridades de salud no pueden esperar a que los hospitales colapsen o a que los centros médicos se saturen para recién activar planes de contingencia. La prevención debe comenzar antes de que el invierno alcance sus niveles más críticos. Esa debería ser la principal lección aprendida luego de años en los que las enfermedades respiratorias terminan afectando la normalidad de escuelas, familias y servicios de salud.

La primera acción indispensable pasa por fortalecer las campañas de vacunación, especialmente contra la influenza y otras enfermedades respiratorias prevenibles. La inmunización de menores de edad, adultos mayores, personas con enfermedades de base y personal sanitario debe ser una prioridad absoluta, con brigadas móviles, horarios extendidos y campañas masivas de concientización que lleguen tanto a las zonas urbanas como rurales del departamento.

Pero vacunarse no es suficiente si no existe educación preventiva. La población necesita información clara y permanente sobre medidas básicas que muchas veces son subestimadas: el lavado frecuente de manos, la ventilación adecuada de ambientes, el uso de barbijo en caso de síntomas, la hidratación constante y el abrigo adecuado, particularmente durante las primeras horas de la mañana y la noche, cuando las temperaturas descienden con mayor intensidad en el valle central tarijeño.

Asimismo, resulta fundamental que los establecimientos educativos trabajen coordinadamente con el sistema de salud. Las escuelas y colegios deben convertirse en espacios de vigilancia preventiva, capaces de detectar tempranamente brotes o síntomas colectivos que permitan actuar antes de que las enfermedades se propaguen masivamente entre los estudiantes y sus familias. Suspender actividades de forma focalizada o flexibilizar horarios, cuando las condiciones climáticas sean extremas, no debe verse como exageración, sino como una medida responsable de protección.

Otro aspecto clave es la capacidad hospitalaria. Cada invierno se repite la misma preocupación: falta de medicamentos, escasez de personal médico y largas filas en centros de atención. Si las autoridades conocen que las enfermedades respiratorias aumentarán, entonces corresponde planificar con anticipación la dotación de insumos, reforzar emergencias y garantizar atención oportuna, sobre todo en provincias y comunidades alejadas donde el acceso a salud suele ser más precario.

La salud pública no puede depender de la improvisación. El invierno en Tarija no es una sorpresa climática; es una realidad cíclica que exige preparación, coordinación y liderazgo. La diferencia entre una temporada controlada y una crisis sanitaria radica precisamente en la capacidad de actuar antes de que el problema se agrave.

Cuidar a los niños y proteger a los adultos mayores no debería ser solamente un discurso de temporada.

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