
Eduardo Claure
La revolución digital y, más concretamente, el desarrollo de la Inteligencia Artificial, está suscitando temores y preguntas, tanto Bill Gates, exdirector general de Microsoft, Elon Musk, director general de Tesla y el célebre Stephen Hawking, han opinado que, se debe ser muy cauteloso con la inteligencia artificial; han expresado que si tuviéramos que apostar por lo que constituye nuestra mayor amenaza a la existencia, seria precisamente ciertas aplicaciones sofisticadas del asunto mundialmente conocido como IA, que podrían llegar a tener derivaciones por completo impensadas. La IA ofrece muchas promesas para la humanidad, pero también podría representar una amenaza más peligrosa que la bomba nuclear. Con su capacidad de aprender y evolucionar de forma autónoma, la IA podría superar algún día la inteligencia humana. Entonces podría decidir volverse contra sus creadores. Este oscuro presagio puede parecer sacado directamente de una película de ciencia ficción, pero es una posibilidad muy real.
En un contexto eminentemente técnico, un otro objetivo de la IA consiste en poder establecer metas y eventualmente alcanzarlas, -sin embargo, de reconocer que este elemento también es aplicado en ciencias sociales, económicas y políticas-, para ello, la IA, necesita una forma de visualizar el futuro, una representación del estado del mundo y poder hacer predicciones sobre cómo sus acciones lo cambiarán, con tal de poder tomar decisiones que maximicen la utilidad o el “valor” de las opciones disponibles. En los problemas clásicos de planificación, el agente IA puede asumir que es el único sistema que actúa en el mundo, lo que le permite estar seguro de las consecuencias de sus acciones. Sin embargo, si el agente no es el único actor, entonces se requiere que este pueda razonar bajo incertidumbre. Esto requiere un agente que no solo pueda evaluar su entorno y hacer predicciones, sino también evaluar sus predicciones y adaptarse en función de su evaluación. Este, es un “principio” en que se basa “un razonamiento” de la IA, lo que supone, que un organismo de IA, puede ir “más allá de su creación por su capacidad de razonamiento”, porque fue creado para ello, para desarrollar capacidades y aplicarlas, sin más análisis o consideraciones.
Si en este contexto, hacemos un intento por ver este menjunje como una analogía entre el significado técnico respecto el concepto de la IA, definida como una serie de algoritmos y técnicas que pretenden imitar la inteligencia humana, siendo una tecnología tan amplia y revolucionaria, considerada una rama del campo de la informática, cuyo objetivo es crear máquinas capaces de realizar tareas que tradicionalmente requerían inteligencia humana y, aplicamos esa definición al campo político, veamos que resulta con la “existencia” del MAS-IPSP. Obviamente, salvando explicaciones que pudiesen considerar este juego de hechos y sucesos que se plantea, como algo incomparable y absurdo. Pero veamos este intento de burda comparación.
Ideólogos de la izquierda tradicional de los 70 y 80 (una vez pasada las explosiones sociales por efecto de la UDP y la aplicación del 21060, que cerró las minas y puso en la calle a más de 80.000 mineros, obreros, fabriles y empleados públicos, mismos que dieron lugar a la histórica “Marcha por la Vida”, que partiendo de las minas de Potosí, Oruro, Cochabamba y La Paz pretendieron llegar a la sede de gobierno, y detenida en Calamarca, que salvó de un derramamiento de sangre de consecuencias inimaginables), impulsaron que esos mineros relocalizados migren a otros departamentos, siendo que miles de ellos, fueron a dar a la zona del trópico cochabambino, repoblando todo el Chapare con nuevos productores agropecuarios; sin embargo, este nuevo escenario dio lugar a la “construcción orgánica” de lo que terminó siendo el MAS-IPSP. El ideólogo de ese proceso de construcción partidaria fue Filemón Escobar “Filipo”, dirigente por demás reconocido, que junto a otros intelectuales de izquierda impulsaron y alimentaron ideológicamente a ese inmenso contingente humano de base sindical, pensando que construían una “nueva e innovadora fuerza social y política ideológica para el futuro”, una “maquinaria para el poder popular”; entre otros acompañantes de Filipo estaban Sergio Almaraz, Silvia Rivera Cusicanqui, Raúl Prada Alcoreza y Rafael Puente, entre otros. Años después, como la historia da testimonio, esa “máquina de poder popular”, asumió conciencia de su capacidad y alcance, desarrolló inteligencia y razonamiento propio, tomó decisiones radicales -narcotráfico mediante- y, comenzó a caminar con paso propio y libre de otras influencias de sus creadores, a quienes prácticamente: “destruyó”, “eliminó”.
En este escenario -real, no virtual- con su autonomía, la “máquina“ creó organismos derivados dependientes, tomó los entes directores del sistema que lo creó, desplegó mecanismos para la disolución de “similares” -peligrosos para él-, eliminó o sometió a otros mecanismos reguladores del sistema en que se desenvuelve; modificó para sí, el medio, el entorno, el nicho que le dio “su ser”, y, el futuro de su actuar, que está fuera del alcance de la influencia de la otra realidad creadora -política- que en su “realidad residual opositora”, no vislumbra qué hacer en su desespero, con esa “maquina inteligente” que fue creada por similares humanos inteligentes y bien formados o intencionados.
Comparar a la creación de Alan Turing, la IA y la prueba de Turing, que es una forma de resolver problemas dentro de los cuales se incluyen los sistemas expertos, el manejo y control de robots y los procesadores, que intenta integrar el conocimiento en tales sistemas, en otras palabras, un sistema inteligente capaz de escribir su propio programa, junto a actuales desarrolladores de IA, obviamente, sería una falta de respeto y un despropósito, un absurdo; sin embargo en nuestra realidad política boliviana, se apreciará que ambas líneas de realidades paralelas, surcan el ambiente de nuestro discurrir político, nada ameno, ni gracioso para los bolivianos reales, mientras es lo contrario para quienes son parte de la “virtualidad real de la IA azul”. Ante la posibilidad de crear máquinas dotadas de inteligencia, se volvió importante preocuparse por la cuestión ética de las máquinas para tratar de garantizar que no se produzca ningún daño a los seres humanos, a otros seres vivos e incluso a las mismas máquinas según algunas corrientes de pensamiento. Es así como surgió un amplio campo de estudios conocido como ética de la inteligencia artificial de relativamente reciente aparición y que generalmente se divide en dos ramas, la roboética, encargada de estudiar las acciones de los seres humanos hacia los robots, y la ética de las máquinas encargada del estudio del comportamiento de los robots para con los seres humanos. En la actualidad, esa máquina MAS-IPSP, se ha convertido en un autómata de terror, de fuerza devastadora, incontenible, casi indestructible y, que alimentada ya no por los principios ideológicos que le dieron nacimiento, ha dado rienda suelta a sus propias facultades, a sus objetivos, a sus bajas pasiones, a sus perversas y criminales intenciones y su futuro, propios, sin moral ni ética, además. Como en Blade Runner, estamos rodeados de replicantes siniestros…


