Lic. Jose Manuel Lopez Beites
A causa de la pandemia del Covid-19 se ha generado una gran controversia en cuanto a la educación a distancia o educación virtual. Si bien en todo el país se tuvo que recurrir a esta modalidad de educación por la emergencia sanitaria, fueron muchos los factores que no se tomaron en cuenta, los cuales afectaron de manera significativa a la población estudiantil.
La idea de aprovechar las nuevas tecnologías de información y comunicaciones para conducir la educación a un modelo tecnológico no es nueva. Hace décadas que se han diseñado diferentes esquemas educativos para atender a la población de áreas remotas, lo que hemos conocido como “educación a distancia”: primero fue por correo postal, luego por mensajería electrónica, e incluso existe actualmente una amplia oferta de portales de internet con cursos más o menos formales, en los que la grabación en video de una clase o de un docente se nos propone como sustituto de la experiencia real del aula. Dinámicas útiles, desde luego, pero más como complemento del sistema educativo que como su reemplazo verdadero.
Por un lado, la educación virtual es incómoda, sedentaria en extremo y confina al alumno a la pantalla, una más en una época en que comienzan a notarse los efectos del bombardeo informativo y el uso abusivo de medios electrónicos en nuestros niños: su limitada capacidad de atención, su tendencia a dispersarse, su aburrimiento crónico ante el mundo real.
La escuela, vista así, representaba un oasis de realidad y presencialidad ante tanta experiencia virtual del mundo: un lugar en que aprender, entre otras cosas, a lidiar cara a cara con el otro, a formar parte de un grupo, a conectar con los demás sin necesidad de otro intermediario que el lenguaje verbal.
También es cierto, qué duda cabe, que el mundo laboral cada vez apuesta más por lo virtual y lo informático, y que tal vez esa tendencia al autismo que muchos padres observan con preocupación en sus hijos sea una respuesta adaptativa a un mundo de sobrecarga informativa.
Pero desde el contexto educativo que me toco abordar la pandemia, me enfrente a muchas situaciones que dificultaban el proceso de enseñanza aprendizaje, entre los que destaco, la poca cobertura de señal, padres de familia que trabajaban todo el día; dejando al niño solo y sin apoyo alguno, dificultades al acceso de medios tecnológicos, ausencia de estudiantes en clases virtuales, estos fueron algunos de los factores que dificultaron el proceso de educación, para subsanar muchas de las falencias y dar solución a estas dificultades, se elaboraron cartillas educativas, las cuales fueron repartidas a los estudiantes, pero aquí el tropiezo era, que no contaban con el apoyo de los padres de familia por que estos trabajaban todo el día.
Fue un gran reto poder transmitir conocimientos a través de una pantalla o unos textos, puesto que esto nunca se va comparar con una educacion presencial en la cual los estudiantes interactúan de manera directa con una educación vivencial.
Si bien la tecnología es algo que cada vez se adentra mas en la vida de cada una de las personas, depende de nosotros darle una utilidad significativa. En el sistema educativo, una educación a distancia desde mi percepción, no responde a las necesidades de los niños y niñas, pero si es un apoyo y debemos usarlo a nuestro favor.
La educación a distancia no es equivalente a la educación presencial. Pero estando en una educación presencial se puede optar por trabajar con medios tecnológicos y mejorar la educación.
