Eduardo Claure
Las razones por las que las lenguas indígenas están desapareciendo no obedecen estrictamente a procesos lingüísticos como la no transmisión entre generaciones, el descuido en el registro de las tradiciones orales o el contexto sociolingüístico.
Las causas que más suman son aquellas que tiene que ver con sus niveles de pobreza, de exclusión social; también por conflictos políticos, falta de aplicación real de su reconocimiento legal y eficiente de los derechos de los pueblos indígenas.
Con la desaparición de las lenguas, merma su identidad, su memoria colectiva, pero también existe un peligro que pasa desapercibido para muchos: una pérdida de conocimiento que ha sido y será clave para el futuro de Bolivia, como de otros países de la región, pues, con las lenguas indígenas desaparecen inevitablemente un conjunto de conocimientos ambientales, tecnológicos, sociales, económicos o culturales que sus hablantes acumularon y codificaron a lo largo de milenios.
La CPE, reconoce 36 pueblos indígenas, y entre las funciones del Ministerio de Culturas está la recuperación, promoción y revalorización de los conocimientos y saberes ancestrales de los pueblos indígenas originarios campesinos. En el oriente, los yuracarés del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) están en riesgo porque su cultura y su lengua se van perdiendo.
Los jóvenes y personas adultas, prácticamente, no usan su lengua, y los saberes culturales y ancestrales están en desuso. Mientras, que los esse ejja, que habitan en el norte paceño y Pando, están en riesgo por la contaminación del agua de los ríos que los circundan. Esta problemática deja al territorio en una situación crítica para la salud y su existencia.
Los pacahuara, también están a punto de extinguirse. En la época de la colonia esta etnia era numerosa, pero para 1975 y 1980 tan sólo existían 50 familias, y con el paso de los años su población se fue reduciendo hasta el extremo de que actualmente sólo se identificó a una o dos familias.
La situación de los pacahuara no es aislada porque coincide con un informe del Viceministerio de Descolonización que identificó a 18 pueblos indígenas en situación de alta vulnerabilidad.
Para proteger a los pueblos que están en situación de alta vulnerabilidad, el gobierno aprobó el D. S. 4793, que crea la Dirección General de Protección a Naciones y Pueblos Indígena Originarios (Digepio), en cumplimiento de la Ley 450 de Protección a Naciones y Pueblos Indígena Originarios en Situación de Alta Vulnerabilidad, dependiente del Ministerio de Justicia, que precisa trabajar con los pueblos de alta vulnerabilidad y los que están en peligro de extinción, y tiene como objeto establecer los mecanismos y políticas sectoriales e intersectoriales de prevención, protección y fortalecimiento para salvaguardar los sistemas y formas de vida individual y colectiva de las naciones y pueblos indígenas originarios en situación de alta fragilidad, cuya sobrevivencia física y cultural esté extremadamente amenazada.
La norma establece mecanismos de prevención de los sistemas de vida que se desarrollarán en el nivel central del Estado y también son parte de las entidades territoriales autónomas, en el marco de sus competencias en los ámbitos territorial, salud, difusión y sensibilización. Aspecto incumplido absolutamente en 19 años del MAS-IPSP.
El 38,4 % de las lenguas indígenas de América Latina y Caribe se encuentran en peligro de desaparición. Los estudios preliminares del Atlas de Lenguas Indígenas en Peligro de Desaparición arrojan datos actualizados sobre el estado de las lenguas indígenas en la región: el 38,4 % de las 556 lenguas indígenas de América Latina y el Caribe se encuentran en riesgo de desaparición, aproximadamente 18% más que en 2009, cuando se publicó el último Atlas, hace 15 años, es decir, 214 lenguas podrían desaparecer.
En Bolivia de 33 podrían desaparecer 24, es decir 41.5% (excepto quechua y aymara). La vulnerabilidad de las lenguas guarda una relación estrecha con al menos tres factores: el racismo y la discriminación en contra de las personas, sociedades y conocimiento indígena; el incumplimiento por parte del Estado de la legislación vigente que debería proteger, fomentar y visibilizar a las lenguas indígenas; y la interrupción de la transmisión intergeneracional de las lenguas.
En América Latina y el Caribe menos del 32% de los indígenas habla una lengua nativa al terminar la escuela; menos del 15% habla el idioma de su etnia al terminar la secundaria; y, menos del 2% se expresa en su propia lengua al completar la universidad; 42 millones de indígenas que viven en 800 poblaciones y donde se hablan 560 idiomas indígenas, 1 de cada 5 de estas poblaciones, ha perdido su idioma nativo en las últimas décadas.
En el Estado Plurinacional, aquello de ejercer cargo público hablando un idioma nativo, una falacia: ni Evo, Linera, Arce Catacora, ministros, viceministros, ni centenares de miles de funcionarios públicos hablan un idioma nativo: todos, castellano.
En el contexto nacional, las causas para la extinción de estas poblaciones indígenas, son: los avasallamientos de su territorio, inaccesibilidad a salud y educación, el extractivismo minero cooperativizado, la modernidad, contaminación de ríos, deforestación de sus territorios por incendios forestales, los avasallamientos de tierras comunitarias (TIOCs), tierras fiscales y Áreas Protegidas Naturales, el cambio climático, pérdida de su cultura y su habla o idioma, son algunas de las amenazas que atraviesan los pueblos indígenas de tierras bajas sin protección del Estado mientras se ha denunciado las relaciones de fomento y encubrimiento del gobierno del MAS-IPSP, sus conmilitones y autoridades subnacionales en el oriente del país, además de contubernios mafiosos con parte del agro poder para provocar el ecocidio de bosques que han destruido irremediablemente su hábitat y su economía.
En este marco, de no aplicarse políticas de Estado en beneficio de este sector vulnerable, en 10 años estas 18 etnias podrían desaparecer o extinguirse por completo. La lista parcial de los pueblos indígenas altamente vulnerables es: urumurato, yuracarés, los chácobo, toromona, tacanas, weenhayek, yukis, maropa, ese ejja y otros. La CPE, reconoce a 36 pueblos indígenas.
El mencionado D.S. 4793 reglamenta la Ley 450 de Protección a las Nacionales y Pueblos Indígenas en situación de alta vulnerabilidad, define “peligro de extinción” en el artículo 2 inciso i. “Son circunstancias históricas, estructurales, políticas, ambientales, entre otras, que conllevan riesgo inminente a la existencia física y cultural de una nación y pueblo indígena originario que se encuentra en alta vulnerabilidad”.
Según el Censo de 2012, más de 2 millones de personas se autoidentificaron que pertenecen a algún pueblo o nación indígena, siendo los quechuas y aymaras las etnias con mayor población. Los resultados del CNPV de marzo 2024, cuyas cifras preliminares se han referido únicamente a agregados de población por departamentos y municipios, revelarán mayores sorpresas respecto a la situación de los pueblos indígenas de tierras bajas, en cuanto a su situación idiomática y cantidad de sus habitantes en los municipios de Santa Cruz, Beni, Pando y el Norte Paceño Tropical del departamento de La Paz, que, tras el azote de los incendios forestales que han acabado con más de 4.000.000 de has. este año 2024 y en 2019, 5.000.000 de has., que sin duda han contribuido a la destrucción de sus tierras de origen, su hábitat natural -suelo, agua-, sus medios de vida y economía, su flora y fauna, seguramente, muchísimos de ellos, tomarán la decisión de migrar a las ciudades capitales e intermedias, engrosando los anillos de pobreza, desocupación y de sobrevivencia frente a las acciones de un gobierno que propuso un proceso de cambio sobre los hombros e identidades de las 36 naciones indígenas originarias campesinas, a cuya mayoría genuina de tierras bajas, ha soterrado inmisericordemente al ostracismo más perverso y criminal -etnocidio- producto del marco teórico conceptual ideológico del Socialismo del Siglo XXI, aplicado por el MAS-IPSP durante estos últimos 19 años: el capítulo más nefasto de la historia política boliviana, del cual no hay parangón, sino, con los crímenes del nazismo hitleriano, aborrecido, condenado e irrepetible, por siempre.
