
Eduardo Claure
Las expresiones verbales son vestiduras y símbolos de sentimientos, ambiciones, deseos, datos de los sentidos y pensamientos. Los sentimientos, ambiciones, deseos, datos de los sentidos y pensamientos, son a su vez, vestiduras y símbolos más profundas, primitivas pasiones y anhelos. Acaso esas pasiones y anhelos más profundos, sean a su vez vestiduras y símbolos de fuerzas motrices más fundamentales, empotradas aún más profundamente en la estructura vital. Podemos así concebir la expresión vital como un sistema formado por diversos grados de símbolos y vestiduras, cada grado superior derivado de un grado inferior y superpuesto a él. La altura cultural de cada generación sería indicada por el grado de ideas e ideales alcanzado por el peldaño en la escala de la expresión. Este puede hallarse en cualquier sitio, desde la existencia más primitiva a las sublimaciones de sublimaciones, símbolos de símbolos, hasta los más abstractos sistemas universales, que han ido mucho más allá y mucho más arriba de las fuerzas vitales, desde donde se elaboraron. Debe notarse, que aun los símbolos más elevados sacan su vitalidad y sentido de los contenidos vitales más bajos y oscuros. Pero, los primeros no podrían existir sin los segundos. Así, un ignaro ha concebido un laberinto político e ideológico, bajo artificios de expresión, de figuras y formas con una clave política que no puede desentrañarse y en ella se ha extraviado un grupo de hombres, también, políticos.
Estos hombres, políticos también, permanecen sentados largo tiempo en un rincón de la vida política boliviana. Soterrados. Mientras, les agita el movimiento del tiranuelo, pensamientos perezosos, ilegítimos, híbridos, caprichosos, pensamientos fragmentados y huidizos, se arrastran a través de sus espíritus, tocan la superficie de sus conciencias con su zumbido o su aleteo; preocupan a sus almas, las provocan, pero nunca se apoderan de ellas. Sus almas están despiertas y dormidas al mismo tiempo, a la vez atareadas y ociosas, llenas de murmullos, pero vacíos, aun hasta el aburrimiento. Pensamientos de algunos de ellos, son errados, erráticos, extraviados, aun cuando la Tesis de Pulacayo, en su esencia, tenga vigencia nostálgica, no superada ni mejorada y menos aplicada, o sea, actual, pero, en el limbo.
Este estado de conciencia y los estados que los delimitan han engendrado una vasta literatura de críticas, compuesta en muchos y variados estilos: pensamientos crepusculares, pensamientos nocturnos, pensamientos sombras, sentimientos entrecortados, sentimientos incoherentes, todos estos semi estados que surgen en las horas ociosas de sus almas, cuando se sueltan sin objetivos determinados, cuando sucumben a una disposición sin centro de gravedad. En tales horas, días, semanas, meses y años, ensueños y casi ensueños, confusos e indistinguibles, se han mezclado, se unen, vagan de aquí para allá en grupos, de oriente a occidente, de norte a sur, para poder ser captados y fijados, aprehendidos, asimilados. Esperanzados. Son cuchicheos y revoloteos, retumbos y temblores dentro de sus almas; se mueven, pero dormitan; charlan y refunfuñan, pero no dicen casi, casi nada. Unos tienen la palabra, razonan, otros deambulan sin ton ni son. Todo lo que este linaje político tiene en común es el ser parásitos de la conciencia, errantes, adhesivos parásitos sin hogar, que se mueven en grandes familias como un conjunto de: advenedizos, reciclados, altamente corruptibles sin idoneidad ni probidad, sin ética ni moral política. Algunos de ellos, dirigentes o referentes, cuando alcanzan cierta altura de expresión, parecen dotados de notable fecundidad expresiva, y parece que parirán algo, pero aún no tienen dolor de parto, aun no tienen señales de ello, pero tienen esperanzas, es lo bueno. Lo sienten, y eso los estimula, tienen señales en los dolores de “la dilatación”, parirán algo, y no será un engendro, sin duda; es la esperanza de un gigantesco colectivo social pluri multi que sigue sus pasos. A no tropezar, entonces. Mejor avancen.
Como el juego del ajedrez, que posee innumerables posibilidades, entre las que no es la menor la posibilidad de incontables gradaciones entre el arte consumado y la afición inexperta, así estos juegos del pensamiento -político- y el ensueño -del poder- están impregnados de innumerables posibilidades de apareamientos y metamorfosis, de una plétora de proposiciones y sugestiones, algunas de ellas harto dignas de aceptación mental, social, político e ideológico. En el ajedrez, aun las jugadas tontas y superficiales se basan en el orden, reglas y condiciones del juego, en su peculiar estrategia de defensa y ataque, y están bañadas por los peculiares modos de excitación y placer característicos de ese juego; del mismo modo, en el reino del pensamiento político teórico y práctico, aun las jugadas y combinaciones confusas, deficientes e inexpertas se basan en el carácter del pensamiento, son hilos de su trama y urdimbre. ¡Cuán fácil es para cualquiera jugar al ajedrez, y cuán difícil jugar bien! ¡Cuán fácil es pensar, ensoñar y meditar lindamente, más cuán penosamente difícil es el pensamiento como arte! En esta realidad, existen, por cierto, quienes sueñan con experiencia y son honestos -o por lo menos tienen que serlo- para que su larga esperanza de cambiar sueños en realidades, fructifiquen, mientras el dictadorzuelo y su acolito patibulario, sucumban junto a sus huestes al mismo mal que engendraron y forjaron… Las acciones políticas emprendedoras de amplia cohesión social democrática, tiene que emerger, envolviendo a todo el pensamiento y sentimiento nacional, boliviano, patriótico. Noble tarea para una alianza boliviana, que destierre al mal y sus engendros, a su legión de homúnculos….


