
Por Eduardo Claure
El doctor Samuel Johnson llamó en el siglo XVIII metaphysical poetry o poesía metafísica a la practicada por un grupo de poetas ingleses barrocos del XVII que se singularizaban por desarrollar una poesía meditativa y filosófica sobre los problemas de la muerte, el tiempo, Dios y el amor. Fue especialmente cultivada en la Europa del Siglo XVII, como un estilo dentro del periodo barroco. En la literatura española, varios de los poemas de Francisco de Quevedo se pueden considerar ejemplos de este tipo de poesía. John Dryden, crítico de aquella época, escribió respecto estos poetas: “incurren en la metafísica en sus versos románticos, donde debería reinar la naturaleza; confunden la mente del sexo débil con lindas especulaciones filosóficas, cuando debería ocuparse de sus corazones”. Tenía a los poetas metafísicos en muy poca estima, considerando que su estilo era demasiado abstracto y que sus ingeniosas comparaciones parecían forzadas. Dictaminó: “Su erudición instruye y su sutileza sorprende, pero el lector comúnmente siente que ambas alegrías le cuestan caro y, aunque a veces sienta admiración, rara vez obtiene satisfacción”.
La poesía es la imitación de la realidad, es decir, la presentación de las características de la naturaleza humana y de los acontecimientos humanos. Por lo tanto, la función del poeta es expresar con «elocuencia» la «doctrina» que la historia le provee. Resulta, pues, clara la prevalencia del contenido sobre la forma en tal enfoque. La facultad poética se identifica con el ingenio, al que definen como la capacidad humana de crear metáforas y descubrir similitudes e identidades. Al decir de Baltasar Gracián, de «un acto del entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos», y prefieren utilizar la palabra concepto cuando así definen a la metáfora. La función más importante del concepto es la de mostrar cómo cosas que aparecen desconectadas son, en realidad, similares, lo cual provoca admiración en quienes lo perciben. La similitud es la madre del ingenio y la metáfora, el propósito del concepto estableciendo ocultos paralelismos al descubrir maravillosas similitudes.
Quienes han tenido oportunidad de leer el “Preámbulo” de la CPE vigente, no dejan de sentir una sensación de admiración por esas estrofas -cuartilla, dirán- que evocan un embelesado ambiente de un pasado “inmemorial” telúrico-ecológico, cuasi mágico. Un Edén paradisiaco inimaginable -incluso- para el autor de la Lengua de Adán -en Sorata- del laureado y prolífico Emeterio Villamil de Rada. Aquel preámbulo, describe un pasado milenario, idílico, “sin racismo, de luchas sociales y sindicales liberadoras”, sublevaciones anticoloniales y populares de liberación construyendo un nuevo Estado: “Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos. Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos”. Concluye: “Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia.”
Una Oda, dirán algunos, estrofas épicas, dirán otros. Sin saber de ambas, muchos votaron por esta CPE, quizá, cautivados por ese proemio. Pareciese que la magia de aquel Preámbulo, tenía el espíritu capaz de llevar a un nuevo destino a ese “Estado naciente”, pues se mencionaba a la Pachamama y a Dios, ¡nada menos! Sin embargo, la “aplicación” de los contenidos de la vigente CPE Plurinacional, deja un sabor amargo de realidad. Dieciséis años transcurridos, nada de ese lirismo introductorio sucedió; la realidad contrasta profundamente con aquella visión que ese preludio prometía, resultando: falsa poesía, ilusorio verso, velada estrofa… Obviamente, los poetas metafísicos del Siglo XVII, no tienen relación con esta cruda realidad.
Sucede que, mientras se organizaba la Asamblea Constituyente, se urdían Los Protocolos de Orinoca, que tenía por título: Documento Secreto del MAS para la Toma del Poder Total, elaborado con apoyo y soporte cubano venezolano y español. Biblia o Vademécum diseñado para el poder total mediante la destrucción del enemigo: las clases medias, mestizos, criollos, blancos y pseudo blancos, de los contextos socio espaciales urbanos, sus instituciones, organizaciones sociales, económicas, partidos políticos, sus dirigentes, empresariado privado, fuerzas armadas y policía, Órganos del Estado, Contraloría, ALP y, cuanta entidad pública existiese, para su control y dominio para la perpetuidad: acabar con la democracia e imponer un líder y un poder omnímodo. Si fuese posible: “Por los Siglos de los Siglos”.
De qué sirvió la Asamblea Constituyente, si, mientras se imponía su texto entre cuarteles y asonada minera, ¡se trabajaba otro documento político de fuertes contenidos para acabar con los actores políticos de la ex República de Bolivia. Cómo creer que se refundaba una nueva Bolivia democrática, mientras se aplicaba en los hechos, ¡aquel perverso documento secreto…!
Dicho preámbulo y la vigente CPE Plurinacional, fueron un trabajo de joyería, que encandiló, momentáneamente, mientras el otro plan siniestro, se aplicaba con todo rigor: Hotel Las Américas, la asonada en Cobija contra Leopoldo Fernández, el golpe de Estado a la autonomía tarijeña, se “anulaba” a Analí Huaycho, se urdía Chaparina y El Tipnis, se deslegitimizaba el 21F, se “liquidaba” a J. M. Bacovic, sucedía el FONDIOC, CAMCE, el ecocidio de La Chiquitania, hasta llegar a Jeanine Añez y, así…
Mientras se entretejía un discurso a “las masas liberadas” en su nuevo Estado Plurinacional, la economía del submundo narco se extendía, se acrecentaba la presencia de “carteles” hasta llegar al caso Nallar o los generales de la policía “comprometidos” y, el Proceso de Cambio se asentaba en los pilares del Socialismo del Siglo XXI, anulando no solamente a la vieja República, sino al nuevo Estado Plurinacional, pues ambos conceptos, quedaban fuera del espectro como nación, Patria o cualquier otro eufemismo democrático, pasando por el Gran Fraude Monumental del 2019, la no aceptación de una Auditoria al Padrón Electoral, su base de datos, junto al Registro Civil, SIJEP y a su sistema informático, “la huida” de Salvador Romero tras dejar vigente la P.J. del MAS-IPSP, concluyendo estas tropelías con la postergación política del censo nacional de población y vivienda que tendrá efectos sobre la representación política poblacional y territorial en la ALP, las ALD, Concejos municipales, y todo lo que derive de aquello.
Morales, nunca bajó a las regiones con el verso del Preámbulo de “su CPE-Plurinacional”, fue en cada ocasión con la energía de los Protocolos de Orinoca. Nunca se dirigió a las masas, hacia el empresariado o la clase política, con el espíritu de aquel preámbulo, sino fue armado con el discurso y la posición dura, rígida e inflexible del mandato político de aquel documento secreto para el poder absoluto, total, irrefrenable, incontenible de los Protocolos de Orinoca. Nunca se dirigió hacia los bolivianos con el espíritu del preámbulo, se expresó con la armadura, el escudo y la espada de guerra, no de paz. Nunca tendió la mano solícita, levantó, más bien el dedo acusador y de juzgador. Levantó el puño golpeador, para escarmentar, no para abrazar, sino amenazar y apalear. Aun, hoy, lo hace a sus ex iguales -masistas- con odio, con rencor, con aires de venganza, de repudio y para asolar. No para construir. El actual oficialismo, también hace lo mismo, como buen remedo político perverso.
Aquel contenido casi poético del Preámbulo de la CPE, debió ser el pensamiento y acción de ese “nuevo gobernante”, más, aquello no sucedió, inclusive hasta hoy -oficialismo azul- pero, lo lamentable, es qué, tampoco sucede “en la oposición”. Huérfanos de discurso y contenido, su esmirriada presencia, debiera sacudirse bajo una unión frentista o de cualquier otra figura, pero que convoque a la reacción cohesionada del pueblo boliviano democrático. El tiempo para el 2025, elecciones nacionales del Bicentenario, se va agotando, inexorablemente. Solo queda tener esperanza en la capacidad de organización de la sociedad civil: articularse con nuevos referentes, programa con visión país, organización territorial y capacidad financiera. Lo último puede suplirse con mística, alto compromiso cívico y lealtad para con la Patria.


