Alfonso Blanco López
Tomé un taxi en la esquina de la plaza Luis de Fuentes, mientras le indicaba la dirección de mi destino, observé que empujaba un bastón de madera para acelerar. Me pareció extraño, y más por conversar, que por verificar la seguridad del vehículo que me transportaría, pregunté por la razón de no usar su pie derecho para otorgar potencia al motor.
No tengo un pie dijo el taxista con la mayor naturalidad, sonriendo ampliamente era diabético, me hice una herida, se infectó y me lo amputaron para evitar que la gangrena se propagase por todo el cuerpo y me provocara la muerte.
A no estar, prefiero vivir sucho(rengo en lenguaje coloquial) el taxista parecía disfrutar de su relato y de la cara de asombro que puse en todo el recorrido. Al comienzo me deprimí, ahora, con el taxi, conversando con mis amigos y con clientes como usted, paso un tiempo agradable, llego a mi casa agotado, satisfecho y con platita para la comida.
El vehícul imprimió velocidad por la avenida Las Américas, la destreza del conductor para acelerar con el bastón, desacelerar, frenar y hacer los cambios era evidente.
Ahora no tomo medicamentos, estoy más flaco que una quirusilla y como y bebo de todo con moderación el taxista relató su vida. Me volví muy popular, me invitan a muchas fiestas, no tanto porque me tienen lastima, más bien por verme bailar cueca y chacarera sin un pie. Me convertí en la atracción de los bailes. A mi novia le parece elegante que use bastón.
En tanto, mientras llegábamos a destino, pensé en mis propios problemas, que me parecieron insignificantes comparados con la falta de una extremidad inferior.
Tengo que usar prótesis, pero es muy cara, me la haré de madera yo mismo, vi los tutoriales en YouTube, no parece difícil me explicó con entusiasmo. Ya tendré el tiempo necesario, por ahora estoy ocupado.
En las últimas dos cuadras, repasé mis aflicciones, causa de mi ansiedad y mi presión arterial elevada. De repente, comencé a sentir una paz interior como nunca antes y me puse a reír.
Parece contento comentó el chofer encandilándome con su enorme sonrisa. Ya llegamos, espero que tenga un buen día.
Bajé del auto relajado y sin preocupación alguna. El taxista pata de palo me dio una lección de vida.
