I.- DIOS ESTÁ EN EL ORIGEN
los renuevos caídos,
los gérmenes de un período que nos evoca,
nuestra particular vocación de familia unida,
reunida siempre junto a la señal de la cruz.
La filiación con el gran Señor de la palabra,
debe encaminarnos al retorno de la poesía,
al regreso místico de la gloria y esplendor,
con la recuperación de los níveos destellos,
que es lo que nos fragua a restablecer la paz.
No hay mayor quietud que ponerse a orar,
con la oración se abren todas las puertas;
la de esa creación que ahora custodiamos,
lo que pide versar y conversar en belleza,
coexistiendo y asistiendo a plena voluntad.
III.- ABIERTOS A UN DESTINO ETERNO
La obra de la creación es la verdad matriz,
primera y fundamental de nuestra certeza,
que se completa y complementa en Cristo,
por la acción redentora de su gran entrega,
la de dar su vida por cada uno de nosotros.
Tras esta realidad hay una creación nueva,
que se eleva con el abrazo del crucificado,
como yema autobiográfica que nos llama,
a dejarnos llevar al tajo de su indulgencia,
volviéndonos justos delante del Altísimo.
Esta vida es muy corta para no hacer nada,
nos toca vivir y desvivirnos por hallarnos,
el ánimo es más animoso que el desánimo;
retiremos todas las amarguras del camino,
y avancemos en gratitud por ser perpetuos.
Por Víctor Corcoba Herrero
