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El fin de las espaldas giradas

Escribe: Roberto Márquez

Pasaron 71 años desde que Víctor Paz Estenssoro y Carlos Ibáñez del Campo intentaron trazar un mapa de entendimiento común en 1955. Desde entonces, la relación entre Bolivia y Chile quedó atrapada en una inercia donde el conflicto no solo fue la norma, sino el principal recurso de cohesión e instrumentalización política de consumo interno. Durante décadas, la diplomacia bilateral osciló entre la trinchera ideológica, las retóricas chauvinistas y la consecuente paralización institucional, condenando a dos naciones vecinas al aislamiento fronterizo y al estancamiento económico.Por ello, el reciente encuentro en La Paz entre el presidente Rodrigo Paz y su homólogo chileno José Antonio Kast no representa una simple anécdota protocolar ni un mero gesto simbólico de calendario. Es, fundamentalmente, la irrupción del realismo político y del pragmatismo de Estado sobre los prejuicios del pasado.La falacia de la diplomacia ideológicaEn la historia reciente de América Latina, los alineamientos políticos de coyuntura pretendieron sustituir a la verdadera diplomacia de Estado. Sin embargo, la lección que dejan las últimas décadas es contundente: cuando la integración regional se reduce a la simpatía doctrinal entre gobernantes de turno, el primer cambio de ciclo electoral o de signo político destruye lo avanzado. La cooperación ideologizada es efímera por naturaleza.El mérito del reciente acercamiento radica justamente en la dinámica opuesta. Dos liderazgos con identidades, trayectorias e impresiones políticas distintas han demostrado la madurez de encontrarse en el terreno neutral del interés nacional de sus respectivos países. La diplomacia del siglo XXI no se mide por la estridencia de discursos geopolíticos ni por la afinidad ideológica, sino por la capacidad técnica para concretar acuerdos de mutua conveniencia que resuelvan necesidades estructurales de la población.Los cinco ejes de la integración pragmáticaLejos de quedar en la foto protocolar o en declaraciones vacías, la cumbre en el Palacio Quemado ha sentado las bases de una arquitectura bilateral sólida mediante la suscripción de un paquete de cinco acuerdos estratégicos:Eje Comercial y Modernización del ACE 22: Los Términos de Referencia acordados para modernizar el Acuerdo de Complementación Económica de 1993 buscan adaptar la relación a las exigencias globales actuales. La inclusión de capítulos sobre comercio digital, servicios, inversión y encadenamientos productivos facilitará el intercambio, reducirá barreras regulatorias y brindará seguridad jurídica a los actores económicos de ambas naciones.Soberanía Digital y Conectividad al Pacífico: El Memorándum de Entendimiento sobre Interconexión de Fibra Óptica establece un corredor bioceánico desde Arica y Visviri hacia territorio boliviano. Este proyecto otorgará a Bolivia acceso directo a las redes de cables submarinos del Pacífico, integrando al país al megaproyecto del Cable Humboldt hacia el mercado Asia-Pacífico y reduciendo la brecha de conectividad internacional.Minerales Críticos y Minería Sostenible: La firma del acuerdo de cooperación no vinculante entre los ministerios de Minería abre un canal técnico para compartir información, tecnologías de procesamiento, geología y buenas prácticas socioambientales. En un contexto global donde el litio y el cobre son insumos críticos para la transición energética mundial, la sinergia técnica entre vecinos resulta estratégica.Integración y Seguridad Energética: La Declaración Conjunta sobre Integración Energética formaliza la voluntad política para evaluar la interconexión de las redes eléctricas de ambos países. Esto no solo fortalecerá la estabilidad y sostenibilidad de los sistemas energéticos nacionales, sino que abrirá la puerta a intercambios de oportunidades de complementariedad hidroeléctrica, solar y gasífera.Institucionalización del Diálogo (Mecanismo de Consultas Políticas): La Reactivación de las consultas diplomáticas permanentes garantiza que la agenda bilateral avance paso a paso, con previsibilidad, transparencia y diálogo constante, sin generar expectativas grandilocuentes que se desvanezcan al día siguiente.Superar la parálisis sin abdicar de la historiaRescatar en La Paz las palabras que el expresidente Jaime Paz Zamora pronunció en 2023 sobre la insensatez de dos países vecinos que «duermen juntos pero espalda con espalda y no se hablan» constituye un ejercicio de honestidad intelectual. Reconocer la existencia de diferencias históricas, soberanas y jurídicas no implica que ninguna de las partes abdique de sus posiciones consolidadas; significa comprender que dichas diferencias no pueden seguir funcionando como una coartada perfecta para la parálisis y la desintegración.En una economía global reconfigurada por la exigencia de cadenas de suministro resilientes, la transición ecológica y la automatización, el inmovilismo fronterizo se traduce en costos directos: menor competitividad, freno a las inversiones extranjeras y postergación del bienestar de las zonas limítrofes.Avanzar sin los clichés ni los atavismos del populismo exige entender que la democracia institucional ofrece las herramientas para gestionar las discrepancias de manera madura. La hoja de ruta trazada por ambas administraciones, que incluye la invitación oficial para que el presidente Rodrigo Paz realice una visita de Estado a Santiago en 2027, asegura la continuidad técnica y política que la relación requería desde hace décadas.Bolivia y Chile han decidido dejar de darse la espalda. Corresponderá ahora a las instituciones, cancillerías y sectores productivos de ambos Estados velar porque este hito histórico trascienda la coyuntura y se consolide como una política de Estado duradera, previsible y orientada al progreso de ambas naciones.

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