miércoles, abril 22, 2026
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El drama de políticos y partidos, sin opciones ni alternativas, ¿qué hacer?

Eduardo Claure

La anomia de partidos políticos es el producto de sus propios melodramas íntimos. Estos nos muestran sur rasgos fundamentales, singulares, su idiosincrasia y las decisiones que toman por sus referentes políticos. Muchos partidos se encuentran con problemas por vincular a las personas que los conducen con sus respectivos proyectos de gobierno, no como un ideal nacional o visión país, y, ahí, se estacionan. Entonces debe buscarse organizaciones alternativas que puedan funcionar como representantes de la sociedad, de las personas, para enfrentar procesos políticos electorales, tal como señala Catherine M. Conaghan, Politóloga del Departamento de Estudios Políticos de Queen’s University del Canadá: “las democracias más duraderas se encuentran mejor equipadas para salir adelante cuando fracasan los partidos”. En este contexto, la oposición no ha logrado posicionar en el imaginario nacional una idea fuerza que cohesione acciones colectivas hacia un norte político, frente al peligro que se cierne sobre el sistema democrático ante desesperadas reacciones del MAS-IPSP -ala evista vs arcista-, que pudiesen provocar reacciones en cadena -interna- cuya eventual explosión provoque un reposicionamiento del MAS y el IPSP, que teniendo la complicidad del TSE, el TCP, en la ALP y de las federaciones del chapare y sus anexos, termine cohesionándolos rumbo al 2025, provocando resultados no esperados. Durante dos lustros, en la oposición se oyó por doquier “Unidad” pero siguieron fragmentados; hablaron de “desprendimiento” y no cedieron; mencionaron “cohesión” y se dispersaron; comentaron de “conversaciones” y no se hablan, y, así. Los políticos no se preguntan qué opina el pueblo votante luego de la convocatoria a la unidad efectuada por el Comité Cívico de Santa Cruz en el 2020, “Por la unidad la democracia de Bolivia”, reunión prevista en instalaciones de ese Comité Cívico y fueron invitados Jeanine Áñez, Luis Fernando Camacho, Carlos Mesa, Jorge Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina, Ruth Nina, Chi Hyun Chung y Félix Patzi, luego de firmar un acuerdo, se desentendieron y todo quedó en nada, en esa oportunidad Carlos Mesa de CC, fue el primero en abortar ese proyecto de unidad, con explicaciones ociosas. Como si fuera poco aquella experiencia fallida, recientemente el 20 de febrero de 2023, Pagina Siete, “Comunidad Ciudadana (CC) proponen que haya un solo frente de la oposición para las elecciones presidenciales de 2025 y afirman que Carlos Mesa, líder de dicho partido, es uno de los posibles candidatos”. ¿Alguien puede explicar esos repentinos ataques de unidad, precandidaturas y sus vergonzosos desistimientos? Por estos elementos la dispersión es casi una acción política suicida. Estos resultados, son un fuerte llamado de atención a la ciudadanía desencantada de esos, precoces candidatos renunciantes. La “clase política” no habla una misma lengua, se confirma, son una Torre de Babel. Los alternativos al MAS, se vienen tanteando entre ellos por quien será el que vaya a la cabeza. ¿Qué se puede esperar?. La perspectiva de unidad, no debe sujetarse a presupuestos, condiciones ni límites fijados por derechos preestablecidos de algún sector, clase, grupo o referente o “líder”. Se podría inaugurar así, una época inédita en política donde se fundan en una cohesión social con “los otros” en función de una “COMPLEMENTARIEDAD” que logre un objetivo superior el 2025. Este desafío de alcanzar un hecho político complementario, sería posible únicamente “conjugando con el otro, con los otros”, lo contrario significará que fusionar y armonizar ideas y objetivos superiores no son los objetivos políticos actuales y prevalecerá lo mezquino y sórdido del político miserable. Nunca entenderán la maravillosa complementariedad. Uno de los principios fundamentales de la teoría quántica explica qué, el principio de la complementariedad, afirma que las dos maneras de describir o interpretar la materia: como onda o como partícula, se complementan una a la otra, y el cuadro solo surge del “reparto de contenidos, cuando son uno”, no cómo simbiosis, sino como complementos. Pero claro, estamos hablando de políticos, no de físicos.Esto hace necesario por estrategia que se lleve a cabo una CUMBRE POLITICA NACIONAL, para decidir el futuro de Bolivia con democracia, la sobrevivencia política, la reconducción del desarrollo y una visión de país único, integro, diverso, multiétnico, multicultural y plurilingüe, frente a la amenaza azul que tiene estructura, identidad política ideológica y una energía y ansia de poder que proviene de su goce de las mieles del poder de 17 años en el que han agotado los recursos del BCB, RIN, ingresos extraordinarios que no volverán y cuyo gasto dispendioso no esperarán que investiguen y castiguen los que vengan detrás, los ganadores en el 2025. Ya, G. Linera al respecto reclama: “Evo y Luis reúnanse, pueden ser los autores de la victoria o de la derrota del MAS”, Pagina Siete 28 de marzo 2023. Esa opción de una coalición para enfrentar un nuevo proceso electoral, requiere que los políticos dispongan de una capacidad intelectual de deliberación y coherencia, esto es, de racionalidad. Debido a la existencia de una pluralidad de fines a perseguir por los ciudadanos y la clase política, así como de intereses que éstos defienden en sociedad, la asunción de la condición de racionalidad se atribuye únicamente a la decisión individual de elegir los medios que cada uno considera más adecuados para la consecución de sus objetivos específicos configurándose, así como una racionalidad instrumental en el fin último de “ser coalición”. Una encuesta propiciada por la Web del Periódico Página Siete (13-4-2017) ofrecía resultados a su pregunta: ¿Usted está de acuerdo con la Declaración en Defensa de la Democracia y la Justicia firmada por líderes de la oposición y los expresidentes?, las respuestas fueron por el Sí 84% y por el No16%. Aún así, la “oposición”, tan engreída como si fuesen vedettes de pasarela rosa, rechazaron las posibilidades de desaparecer al mal azul; y, así estamos. Ahora bien, aunque cada modelo teórico deriva explicaciones distintas sobre qué tipo de coalición se tenderá a formar y su porqué, existe un conjunto de proposiciones fundamentales que constituyen la base sobre la cual trabajar, en tanto y en cuanto, los participantes en el juego o proceso coalicional son partidos políticos, considerados como actores unitarios, cada uno de los cuales puede ser tratado como una entidad negociadora simple, y que deben llegar a ser gobierno de coalición con un respaldo parlamentario mayoritario, eso posibilitará ser una coalición vencedora que representen soluciones reales y, así, poder influenciar, desde dentro del gobierno, las políticas públicas que se derivarán de la acción gubernamental, en un programa de gobierno capaz de enceguecer a los apostatas de la democracia y dejen el poder omnímodo de 19 años azules, su gestión corrupta y tirana. Ante esta cruda realidad, de los cuatro confines de la Patria, se clama resolver democráticamente esta situación y hay voces múltiples que invocan Unidad para encarar con una fuerza mayúscula a la del 21F y resolver este entuerto político histórico. En este contexto, la Unidad alcanza un valor no solo conceptual en lo cívico y político, sino va más allá de lo simplemente nostálgico, la sociedad, el pueblo, los ciudadanos, claman que esta palabra signifique esperanza real y está demostrado con el 21F, que aquello es posible. La Unidad boliviana entendida así adquiere un valor ideológico y político no partidario, se convierte en un elemento fundamental de la cultura política del ciudadano boliviano que no ha sido correligionario de sigla o color, ya que el 21F entendió el hecho mismo de la dignificación de la actividad política no partidaria, sino el de una acción social, cívica, que albergaba capacidad y posibilidad de ejercer sus derechos en función del beneficio de las grandes mayorías nacionales excluidas por el proceso de cambio: las urbanas, clases medias, intelectuales, empresariales de diverso corte, profesionales, comerciantes legales; la población se sintió ese 21F de 2016 estar indisolublemente vinculado al sostenimiento de esa Unidad descubierta, accionada virtualmente y cuyo resultado alentó a cada ciudadano en su hogar, en su trabajo, en su faena diaria en toda la geografía nacional. El 21F de 2016, dio esperanza por una Unidad diferente a la que están acostumbrados referirse los políticos de vieja catadura y vieja maña. Esta cohesión social de rebeldía que tumbó a la tiranía, debe reeditarse, con dirección, eso sí. Quienes han manejado la política en el pasado y aún en el presente, deben entender ahora que la Unidad es también una construcción, un proceso y como todo fenómeno social es dialéctico, vale decir cambiante, en desarrollo, dependiente de una multiplicidad de factores condicionantes internos y externos, construcción en la que la ideología democrática debe jugar un papel importante, sino fundamental; es así que Unidad, Unidos, Unión, son palabras que deben simbolizar una voluntad política colectiva no partidaria y las consignas que evoquen la Unidad simbolizan esa voluntad ciudadana de un colectivo mayor a cualquier contingente de militantes afiliados y formales: es el pueblo boliviano que clama Unidad en términos mayores a los que cualquier político de turno haya sospechado construir u ofrecer; por ello esta esperanzadora Unidad debe adquirir connotaciones renovadas para quienes se consideran referentes políticos que piensan enfrentar el 2025 con mayor vigor que el 21F de 2016: el ciudadano democrático no entregará su voto a falsos predicadores que tienen cuentas pendientes con la historia y el pueblo: ex ejecutivos nacionales de gestión incompleta y siempre predispuestos a la renuncia de medio tiempo o quienes arrastren procesos inconclusos de su gestión pública edil, departamental o nacional, entre otras cosas, además de otras pillerías que no son de bagatela, ni que tampoco son, errores y no delitos. Ahora bien, esta constatación nos lleva a otra realidad de la política nacional: ese Uno imaginario con todas las posibilidades infinitas de la imaginación, nos lleva a la inevitable realidad de lo diverso, al otro, al diferente, al opuesto, al distinto. Entonces, cuando se hable de Unidad en términos sociales estaremos igualmente obligados a definir de qué Unidad hablamos: si de Unidad política, Unidad ideológica, Unidad económica, o de Unidad en todos los aspectos antes mencionados. Unidad para determinados fines o para todos los fines, Unidad de una parte de la población, de la mayoría de la población o de toda la población y, lo más importante: Unidad para una parte de la población, para la mayoría de la población, o para toda la población. Esta definición será crucial; asumirla con convicción y mística, dará la fuerza democrática que se necesita para derrotar a la vergüenza política que asola Bolivia.