martes, junio 16, 2026
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Dispersión residual, en política, el mal mayor

Eduardo Claure

¿En qué condiciones puede un déspota abusar sin límite del poder sin ser llamado a rendir cuentas, con alta probabilidad de quedar impune, y en qué condiciones es más fácil hacerle rendir cuentas, es decir, sancionarlo política o legalmente por haber incurrido en tales abusos de poder? Este es un tema central de los estudios políticos, y está relacionado en buena parte, con la manera en que está distribuido el poder político. Cuando el poder político tiende a perpetuarse, aún bajo nuevo rostro -o careta- inventándose un nuevo paradigma que alcanzar con lo cual subyuga al pueblo votante, es entonces que el desequilibrio se manifiesta en política, perversa y permanentemente.

La distribución de poder puede visualizarse a través de una gama de tonos, en la cual, en uno de sus polos -“oposición”- existe la total dispersión, lo que significa que todos los miembros de esa clase política tienen la misma cantidad de poder. Esto puede traducirse en que en realidad ningún miembro de la comunidad tiene poder, ya que nadie tiene el suficiente como para imponer su voluntad sobre la de los demás. Esto es, para que el poder pueda ejercerse se requiere que alguien lo tenga en mayor medida -quien lo ejerce- mientras que el otro es afectado por ese poder. Para que el poder exista y sea ejercido, es necesario que esté mal distribuido, ya que si el poder se distribuye de manera perfecta desaparece. Por eso, en el polo que implica una perfecta distribución de poder estamos ante la anarquía opositora, cuyas consecuencias ya se han sufrido 18 años; es decir la “ley de la selva”, la guerra de todos contra todos, la incapacidad de tomar decisiones colectivas, la falta de una sola cohesión social y política, construcción de un programa con visión país, etc., y en el otro polo de la gama de la distribución de poder nos encontramos con su total concentración, en manos de Catacora. En este polo azul, todo el poder de esa comunidad está acumulado por una sola persona, a quien por esa razón se la llamó “autócrata” -Morales-, que etimológicamente significa el poder de uno solo, espacio hoy en manos de los “renovadores”. En otras palabras, en ese polo lo que hay es un mono polio de poder y, sabemos que, dada la naturaleza individualista de los humanos quienes detentan cualquier monopolio político, económico, comercial, militar o mediático, tienden a abusar de él y, en la actualidad, vienen ejerciendo con total comodidad e impunidad.

Hasta hoy, dos omisiones de la “oposición” (no observar y ni actuar en política) han dado como resultado prolongar la vida de la dictadura durante 18 años continuos. Según la reciente experiencia política en Bolivia y de cómo se reflejan algunas actitudes de ciertos individuos dentro de las organizaciones políticas que, por su negatividad, solo favorecen al propósito continuista de los dictadores, aunque no todos se lo propongan de modo expreso, pero que sí, sus actitudes, así lo demuestran. No hacen mayoría, pero por sus formas melifluas de operar y los fines personales que persiguen, constituyen un peligro para cualquier posible organización opositora que pretenda construirse, como hasta hoy sucede, buscando una unidad, frente o bloque, que no llega. Los desleales, los tránsfugas, los oportunistas, los demagogos, los serviles y aduladores, los autoritarios, los infiltrados y los desertores, tienen características similares, en cuanto perjudican a la cohesión social y política. La actuación de estos especímenes les son familiares a quienes han permanecido durante cualquier tiempo dentro de las organizaciones políticas partidarias. Esos personajes se detectan, o se identifican en cualquier momento porque -a diferencia de los militantes honestos que actúan con fácil naturalidad- estos no pueden hacerlo siempre así. Generalmente, combinan autoritarismo con oportunismo, por ejemplo, y no pueden evitarlo porque son consustanciales a su personalidad.

La nula observación o el poco interés sobre estos fenómenos y complejidades que se manifiestan en el proceso de las luchas políticas, debilitan la combatividad de las organizaciones; no pueden hacer firme oposición frente a las violaciones de los derechos políticos de la población, teniendo los bolivianos que cargar con las plagas sociales que producen y estimular su tendencia al continuismo del MAS-IPSP. Una de las debilidades de la oposición fue de carácter ideológico, consistente en no haber podido lograr la unidad en la acción política por causa del sectarismo y de los prejuicios que causaron mayor dispersión frente a la dictadura y sus bien estructurados instrumentos de represión. Y esa situación, a su vez, generó la incomprensión acerca de que, a partir del 21F, era el momento histórico clave para crear urgentemente la unidad en la acción para darle estructura y fortaleza a la oposición popular que, masiva y espontánea, había comenzado a manifestar su poder combativo en las calles el 2019 ante el monumental fraude electoral. Por el sectarismo y los prejuicios se desperdició de modo lamentable esa fuerza popular, y podría decirse que esos dos fenómenos fueron tan dañinos para la lucha, como lo ha sido la brutal embestida represiva de la dictadura, ante la cual poco se ha hecho como respuesta política.

Como un infantilismo político es la forma más suave con que se puede calificar aquella actitud que tuvo resultados desastrosos para el objetivo que a todos interesaba -e interesa aún- alcanzar en lo histórico inmediato: liberarse de la opresión dictatorial para luego reconstruir la constitucionalidad deshecha, en libertad y en democracia. Es decir, por los prejuicios y el sectarismo, la dictadura sigue reprimiendo, mientras la oposición sigue dispersa, agravada por el entierro del liderazgo de los partidos, que imposibilitó la unidad en la acción.

Ahora, quienes no están secuestrados con detenciones preventivas, están siendo perseguidos y todos los bolivianos están pagando el error de unos pocos que no tuvieron una lectura y acción política a partir del 21F, aunque no son los responsables únicos, pues los nuevos dictadores -pos Evo- han sido y siguen siendo los principales causantes de esta crisis política. Esto es bueno tenerlo en cuenta, porque en esta lucha inconclusa siguen teniendo su lugar quienes alguna vez sufrieron la equivocación de sus líderes: partidos vigentes. Oponerse a ellos, sería caer en otro tipo de sectarismo, igualmente nocivo. Entonces, hay que pensar de nuevos partidos, organizaciones sociales o prestarse y compartir Personerías Jurídicas partidarias sobre las cuales trabajar políticamente en serio, pues el 2025, está casi, casi a la vuelta de la esquina.