
En un momento del año en que miles de jóvenes dejan el colegio y se asoman al umbral de un nuevo tiempo, en el que tienen que decidir qué destino le darán a sus vidas, que estudiarán, qué profesión será la que les permita sustentarse a sí mismos y a las familias que formen, es cuando nos preguntamos qué perfil de profesionales necesita el mundo, necesita Bolivia.
De un tiempo a esta parte, se ha vuelto tarea complicada conseguir mano de obra calificada en Tarija, recurrir a quienes entienden de plomería, electricidad, carpintería, albañilería, etc. y cuando la encontramos, resulta que es demasiado cara, desproporcionadamente cara. Hay quienes le echan la culpa a los programas sociales del gobierno y hasta de la Gobernación del Departamento que, supuestamente, mal acostumbraron a nuestra gente a ganar sin mucho esfuerzo, las amas de casa reclaman porque tampoco consiguen trabajadoras del hogar y entre los beneficios de depender del Estado y el migrar a otro país como la Argentina, escasean quienes pueden ocuparse de esas labores. En el caso de los albañiles, plomeros, etc., el repunte de la construcción en algún momento y el crecimiento demográfico, como que género un desbalance, un desequilibrio, entre la demanda y la oferta, claro que también está de por medio esa «flojeritis» de algunos, que no gustan de trabajar por lo menos 5 días continuos a la semana, aún así se requiere más de todo y es muy difícil contar con los servicios de alguien responsable, cumplido y que cobre lo justo, no se piden trabajadores baratos, pero si que pidan un precio justo. En muchos casos no se trata de obras en construcción necesariamente de privados, son proyectos que dependen de instituciones públicas que encaran empresas privadas que requieren numerosos obreros y técnicos, retirándolos virtualmente del mercado laboral por un muy buen tiempo. Quienes decidieron quedarse de independientes y seguir atendiendo a la población rápidamente se dieron cuenta que ante la carencia de mano de obra, su trabajo se valoraba y no desaprovecharon la oportunidad, en algunos casos hasta abusando en sus pretensiones. Cuán importante es tener hombres y mujeres capacitados en otras áreas, más que nada técnicas, que son muy requeridas y por tanto tienen trabajo e ingresos asegurados, pero si todos queremos ser doctores, ingenieros, arquitectos o abogados, con seguridad seguiremos cayendo en el creciente saco de la desocupación y descubriendo que se precisó estudiar más de cinco años para terminar conduciendo un taxi o atendiendo un puesto de comida rápida. La tecnificación de la mano de obra es muy importante, encontraremos que hay trabajo para todos y que en realidad precisamos más de técnicos ocupados que de tanto licenciado desempleado y sin oficio. Las pretensiones deben ser otras, comenzando por la de los padres que muchas veces presionamos a nuestros hijos para seguir una carrera universitaria, sin pensar que tal vez una de carácter técnico les sea más útil, les permita vivir mejor y alcanzar sus objetivos. Hoy el desempleo campea, lo que debe hacernos reflexionar, no es sencillo tomar a los 17 o 18 años, una decisión que se aplicará prácticamente por el resto de nuestras vidas en muchos aspectos, por lo que debemos considerar en detalle, qué es lo que requiere el mundo de aquí en adelante.

