
Urge corregir la manera en la que nos comportamos con el medio ambiente, si observamos qué pasa con nuestras quebradas sucede igual ya que se han convertido en el depósito de los desechos de barrios enteros que no cuentan con un sistema de alcantarillado que les permita conectarse a una red principal como en cualquier ciudad civilizada. Así como ocurre en otro lugares en los que las aguas servidas caen directamente en el río Guadalquivir, así ocurre en zonas que están alejadas de este afluente y vierten sus miserias en las quebradas, en su momento las autoridades de turno no tuvieron ningún problema en permitir que se usarán como grandes cloacas que para colmo desembocan en el río, es decir, el Guadalquivir por donde se vea sufre las consecuencias de una mala planificación, una mala práctica y un total desapego a la protección del medio ambiente y a la salud pública.
Tenemos varias quebradas que cruzan la ciudad de Tarija y cada cual está más contaminada que la otra, el problema menor tal vez son las eses fecales humanas, la gravedad se incrementa cuando llegan desechos de plaguicidas y agro químicos, metales pesados, aceites y otros elementos que son los que acaban con la vida en ellas y también en el río Guadalquivir … pero también terminan con nuestras propias vidas, ya que esas aguas se usan para regar sembradíos enteros, campos de verduras, hortalizas y frutas que llegan hasta nuestros mercados y luego hasta nuestras mesas, productos que a diario consumimos y están cargados de elementos nocivos y peligrosos para la salud humana.
La manera en la que miramos el problema, cómo lo abordamos, está mal. No se puede pensar sólo en las quebradas o sólo en el río o sólo en tratar aguas negras así como así, sin específicamente analizar y tener en claro qué contienen las mismas y si las limpiaremos «realmente» de todo lo que nos está matando.

