
Por Eduardo Claure
Muchos vocablos se utilizan como insultos para menospreciar u ofender a una persona, empleando palabras malsonantes en referencia a “cualidades o defectos” de su apariencia, cualidades físicas, morales, personalidad y muchas otras. Existen antecedentes socio lingüísticos, para reconocer que, en ciertos contextos sociales, las palabrotas se consideran inadecuadas, sin embargo, sean muy usadas y no siempre rechazadas, especialmente como interjecciones que expresan desprecio o enojo. En este contexto, el transcurso histórico de la política boliviana, ha dejado algunas siglas que tuvieron presencia activa en diversos momentos representando a partidos de toda ideología, color y signos, que terminaron convirtiéndose en una palabra ofensiva y sobre la cual caen todos los adjetivos imaginables expresados por una población que descarga su repulsa hacia determinada sigla. En el caso boliviano desde los Liberales, Conservadores, Demócratas, Partido Nacionalista, Partido Republicano, Partido Republicano Genuino, Partido de la Unión Republicana Socialista entre 1880 y 1952; posteriormente, en este transcurso, tuvieron presencia activa el PCB, RADEPA, POR, PRIN, MNR, MNRI, FSB, MIR, ADN, MRTKL, PI, MBL, ADN, PDC, MINKA, Ayllus Rojos, Mil Whipalas, MCB, PS-1, FUN, FRI, MDS, MTS, MPS, MAS-IPSP, Partido Constitucional, MSM, UCS, CONDEPA, SOL.BO, FPV, PAN-BOL, CC, Creemos, Juntos, PVB, CP, MIP, MST, PIR, PRA, PSD, NFR, PCR, PPB-CN, UN, entre otras siglas, S.e.u.o., sobre las cuales la población tiene su propio concepto, ya sea de aprobación, rechazo o desprecio, según conoce o señala el legado que hubiesen dejado para la historia: por ejemplo, que sentirán y pensarán los falangistas de la sigla MNR.? Algunos miristas de ADN.? De todas estas presencias activas en el escenario del desarrollo político boliviano, muchas de aquellas siglas han desaparecido sin pena ni gloria. Otras existen como saltimbanquis acomodaticios a cada coyuntura política y sobreviven alquilando su sigla al mejor postor cada que viene una elección nacional. Pocas siglas representan verdaderos hitos que han provocado reformas políticas y socio económicos de real valía, de tal forma que la historia, en general, reconoce aquello y lo revela en acontecimientos y fechas que tienen significancia nacional por lo producido por tal o cual partido político que obraron en consecuencia y según circunstancias reinantes en “su momento”.
Existen siglas que han calado hondo en la psiquis boliviana, en tanto y en cuanto, su actuar dejó una huella profunda de recuerdos -imperecederos- por lo acontecido a su paso por el escenario de la política boliviana y, los intentos por modificar “la realidad” de la patria, en cuyo tramite se cometieron, cometen y sin duda, cometerán una serie de actuaciones -legitimas políticamente, pero ilegales democráticamente- tal como en la actualidad, que se deja sobre escombros la democracia boliviana. Durante el periodo de la democracia pactada, pasando por la recuperación de la democracia, hubo gobiernos que intentaron la permanencia en el poder haciendo una expansión del ejecutivo hacia los poderes cuoteados; sin embargo, pocos o casi ninguno ejecutó fríamente y con precisión quirúrgica, tal como sucede con quienes tienen el poder actual bajo una figura de gobierno/Estado/partido, que cruzó la “línea democrática”, imponiendo “su proyecto” por encima de toda posibilidad de compartir el poder. Muchas siglas son recordadas por hechos relevantes en política o en economía, hechos que se traducen en consignas que resumen sus “logros” como aquello de la “revolución nacional”, “la patria se nos muere”, “el entronque histórico”, “cruzar ríos de sangre”, ”errores y no delitos”, “orden, paz y trabajo”, “gobierno de las mayorías”, “poder obrero”, “asamblea popular”, “participación popular”, “proceso autonómico”, “proceso de cambio”, y así, otras -la mayoría- simplemente “pasaron de largo”. Muchas de estas, fueron utilitarios al poder de turno, por aquello del cuoteo, sin que les interese otra cosa que no sea gozar de las mieles del poder, aunque le tocase solo migajas, esa lógica dio cabida política a muchos que pasaron exprimiendo al TGN, créditos e inversiones externas. Reconociéndose que fruto de este proceso -tortuoso- también existió cambios socioeconómicos y políticos que recondujeron al país y, luego a las regiones, donde sobreviven a marcha forzada, y, “como sea”, algunas siglas locales, que aprendieron el negocio de hacer política doméstica.
Ahora bien, que sucede con la sigla del MAS-IPSP en Bolivia: el 2006, fue una situación histórica impensable, los planes económicos del proceso de cambio, no se dispusieron a la discusión política. Es así que, los recién llegados no se ajustaron a las leyes e inventaron su propia normatividad, según su conveniencia, por ello la actual coyuntura se halla en un “mar de corrupción” y, así, nunca florecimos como Suiza, además, que no había gobernado Bolivia la “reserva moral de la humanidad”. Desde entonces, la política ingreso en un abierto proceso de fascistización, como secuela del desmedido populismo del proceso de cambio racista y de la irresponsabilidad de los líderes de oposición, convirtiéndose en un peligro constante en todos los procesos de intentos de consolidación democrática que se ansió mantener o recuperar en las sucesivas elecciones nacionales desde el 2005, infructuosamente. Este el estigma sobre tal sigla, que por 18 años de gobierno/Estado/partido, alcanzará para lo venidero en la memoria como una sigla perversa, sinónimo de los más execrable de la política boliviana. Esta sigla inventó el nombre de una institución u organización cuyas siglas formaron una palabra que ha ido en contra de lo que se supone que la institución representaría, MAS, Movimiento al Socialismo: nada más falso. Una sigla perversa, conceptualmente se traduce que tiene gran maldad; que se desvía de lo que es considerado correcto, propio o bueno; que se comporta con maldad y disfruta con ello e indica perversidad, es decir que tiene o actúa con maldad intencionada. El término “perverso” según la Academia Española de la Lengua, dice: «sumamente malo, que causa daño intencionalmente» o «que corrompe las costumbres o el orden habitual de las cosas». Desde el punto de vista psicoanalítico es la expresión de un grave conflicto psicológico de origen inconsciente, constituido por manifestaciones de la personalidad en que la verdad se distorsiona de acuerdo con la conveniencia del sujeto, con el fin de engañar a los demás para el propio beneficio.
En este contexto, lo sucedido con el 21F y el Fraude Monumental 2019; en la ALP, premio y galardón al ministro de gobierno, sobreseimiento a los corruptos en la ABC -incluida muerte del testigo protegido-; el hecho insólito de convertir coima en “adelanto”; lo que sucederá similarmente con el exministro de medio ambiente y aguas, concuerda perversamente con lo sucedido a Camacho, Añez, Pumari, Apaza, dirigentes cívicos juveniles y ADEPCOCA, crisis económica que especialistas alertan ya sucede, narcotráfico reinante, contrabando de carburantes, Banco Fassil, UNION, FONDIOC, CAMCE, YPFB, pérdidas de las RIN, crímenes de J. M. Bacovic, Cristian Urresti, esposos Andrade, Marco Aramayo, Analí Huaycho, TIPNIS, Hotel Las Américas, ecocidio de la Chiquitanía, pérdida del mar, Silala, Litio y oro, entrega de vehículos robados en Chile a afines, el trastocado valor del respeto a la CPE, la ley y la autoridad, 900 exiliados o refugiados políticos en el exterior, centenares de denuncias de corrupción y otros sucesos MAS, son ya, suficientes pruebas de que esta sigla quedará para la historia como una sigla perversa, pues marca la época más oscura y degradante de la historia política boliviana.

