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COYUNTURA – MODELO DE CAMBIO FLEXIBLE

Escribe: Roberto Márquez

Ningún sistema puede sostenerse cuando lo que dice la teoría choca de frente con la realidad. La reciente decisión del Banco Central de ir a un régimen flexible es simplemente el estallido de veinte años de corruptelas y errores acumulados durante el populismo nefasto del masismo.

El «Modelo Económico Social Comunitario Productivo», implantado por los masistas Evo Morales y Luis Arce bajo la promesa de blindar al país manteniendo el dólar fijo en Bs 6,96, terminó provocando la desaparición de más de 15.000 millones de dólares de nuestras Reservas Internacionales Netas (RIN). Hoy, al gobierno constitucional de PAZ le toca asumir el costo histórico de sincerar la economía y timonear este complejo escenario.

El economista Gonzalo Chávez lo ha explicado con total claridad: el miedo a un disparo inmediato de la inflación no tiene sustento porque el mercado ya se había adelantado. A través de la inflación de «repase», los precios de los productos y de los insumos importados ya se calculaban con el dólar paralelo hace muchos meses.

Las autoridades actuales no han inventado un nuevo precio; simplemente se han visto obligadas a reconocer la realidad que dejó el esquema anterior.

La primera gran contradicción del modelo masista radicó en su discurso de «industrialización con sustitución de importaciones». Mientras el régimen del MAS hablaba de producir lo nuestro, mantener el dólar artificialmente barato funcionó como un subsidio directo al contrabando. Al dejar las fronteras abiertas de par en par, toneladas de ropa usada «americana» y miles de vehículos ilegales — «autos chutos»— inundaron el país. Esto terminó por quebrar irreversiblemente a la industria textil nacional y manufacturera, transformando además nuestro territorio en un basurero ambiental. Aquella gestión destruyó el empleo formal interno mientras alimentaba el negocio ilegal.

El contraste con los vecinos de la región que rechazaron el libreto del Socialismo del Siglo XXI demuestra que la sensatez técnica siempre vence al dogmatismo político. Perú, manteniendo una separación total entre las crisis de sus presidentes y la independencia de su Banco Central, blindó su moneda. Paraguay eliminó trabas burocráticas y apostó por la libertad económica para convertirse en una potencia agroindustrial. Uruguay garantizó seguridad jurídica y reglas claras, logrando el ingreso por habitante más alto de Sudamérica y atrayendo inversiones privadas masivas para cumplir las metas de la Agenda 2030 en energía limpia. Todos ellos demostraron que el dólar no es un fetiche político, sino un precio de equilibrio.

La incapacidad y el abuso de poder de los gobiernos del MAS de no aceptar estas leyes económicas causó un retroceso dramático en las Metas de Desarrollo Sostenible (ODS). Al ahuyentar la Inversión Extranjera Directa (IED) con excesivas regulaciones y falta de garantías legales, se sepultó la meta del trabajo decente (ODS 8), condenando a más del 80% de la población a la informalidad.

Cuando el gas se acabó y los dólares empezaron a escasear, el sistema anterior activó su contradicción más destructiva: sacrificar el medio ambiente (ODS 15) para conseguir dinero rápido.

La quema criminal de cerca a 14 millones de hectáreas en el oriente, camuflada como «ampliación de la frontera agrícola», en realidad escondió el avance de actividades ilegales. Este colapso ecológico aceleró el desastre social: al desabastecerse el país de dólares en los últimos años, el costo de los insumos médicos se elevó a niveles prohibitivos, vaciando los hospitales públicos y las cajas de seguridad social.

Hoy, la cruda realidad es que en el espurio estado plurinacional no existe un sistema de salud funcional (ODS 3); lo que queda es un cascarón vacío que el actual gobierno debe reconstruir desde los escombros.

Sincerar el mercado del dólar es un paso necesario, pero no servirá de nada – como dicen los economistas – si no se eliminan los controles a la exportación, si no se frena el enorme gasto público heredado y si no se devuelve la seguridad jurídica a quienes quieren invertir. Cambiar el sistema de la moneda sin curar el mal de fondo es como cambiar el termómetro para esconder la infección.

La contradicción final es ética y exige una profunda investigación histórica.

La República de Bolivia necesita saber cómo, después de haber vivido la mayor bonanza económica de toda nuestra historia patria bajo el masismo, el resultado material para el pueblo boliviano es la pobreza y la ruina institucional, mientras al amparo del poder previo aparecieron cientos de nuevos multimillonarios de la noche a la mañana. La flexibilidad del dólar expone el fracaso técnico de un ciclo que ya terminó; investigar esa riqueza inexplicable surgida en esos 20 años será la única vía para recuperar la dignidad nacional.

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