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COYUNTURA – CRÍTICA A LA PROPUESTA DE MARUCHO

Escribe: Roberto Márquez

En política, el vacío no existe; siempre hay alguien dispuesto a llenarlo. Sin embargo, Esteban Farfán Romero parece no haber recibido el memorándum.

Desde Yacuiba, con una prosa que destila el rancio aroma del aislacionismo, Farfán vuelve a la carga con una receta tan vieja como el populismo que la engendró: la anulación del voto. Una propuesta que, bajo el disfraz de «gesto heroico», no es más que un salto al vacío que solo beneficia a quienes buscan ver a Tarija fragmentada y de rodillas.

Es curioso, por decir lo menos, que en pleno 2026 sigan existiendo voces que confunden la autonomía con el autismo político. Farfán Romero parece haberse quedado atrapado en el bucle temporal de los últimos 20 años, esa era del «Socialismo del Siglo XXI» donde la confrontación y la división interna eran el combustible del régimen de Evo Morales y sus herederos. La retórica de Farfán es el eco tardío de ese populismo nefasto que prospera en la desunión.

El mito del «Gesto Simbólico»

Farfán califica la incidencia departamental como «marginal». ¿En serio? Resulta audaz, por no decir irresponsable, sugerir que al Chaco le conviene borrarse del mapa electoral. Al proponer el voto nulo, Farfán no está liberando a la región de supuestas «tutelas»; está entregando el destino de los recursos chaqueños en bandeja de plata a quienes sí se atrevan a marcar la papeleta.

Es la paradoja del derrotismo: quejarse de la irrelevancia mientras se trabaja activamente para ser irrelevante. Anular el voto no es un «acto político deliberado», es una abdicación. Es decirle al resto de Tarija: «Decidan ustedes por nosotros». Es, en última instancia, el sueño húmedo del centralismo paceño: una Tarija canibalizada por sus propias provincias, incapaz de articular una voz única para defender sus hidrocarburos y su futuro.

Autonomía no es Autarquía

El autor insiste en un «rumbo propio», pero olvida —u omite— que en la economía del siglo XXI las regiones no son islas. La Autonomía Regional del Chaco no nació para ser una pieza suelta en el tablero, sino un motor de alta potencia dentro de la maquinaria departamental. Creer que el Chaco puede alcanzar la prosperidad sostenible dándole la espalda a Tarija es tan absurdo como creer que un motor puede funcionar fuera del chasis.

El progreso de Tarija es sistémico o no lo es. El desarrollo sostenible no se construye con berrinches electorales ni con el aislacionismo que pregona el farfanismo. Se construye con sinergia. La unidad departamental no es una «tutela», es la única coraza real frente a los atropellos de un nivel central que, históricamente, ha despilfarrado los recursos del sur mientras fomentaba sus peleas internas.

La nostalgia del conflicto

La propuesta de Farfán huele a alcantarilla. Es el residuo de una forma de hacer política basada en el «divide y vencerás», una táctica que Arce y Morales han perfeccionado para debilitar a los departamentos opositores. Al promover la anulación, Farfán se convierte, quizás sin querer (o queriendo demasiado), en el mejor aliado del centralismo que dice combatir.

Tarija necesita hoy madurez, no gestos para la tribuna. El Chaco debe dejar de verse como una víctima de la capital y empezar a verse como el líder que está llamado a serlo dentro del departamento. Pero para liderar hay que participar. Para influir hay que votar. Todo lo demás es discurso trasnochado, ruido de otros tiempos y, sobre todo, una profunda falta de respeto a la inteligencia del ciudadano chaqueño.
Anular el voto es anular el futuro. Y eso, Sr. Farfán, ya lo vivimos durante dos décadas. Ya es hora de despertar.

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