Por: Justina Sanguino Jurado
La educación no solo transmite conocimientos; también forma conciencia, valores y actitudes que contribuyen a la convivencia armónica. Bajo este principio, el Centro de Educación Alternativa (CEA) “20 de Agosto” de Caraparí desarrolla, cada 25 de mes, una jornada institucional dedicada a la prevención de la violencia, con el propósito de fortalecer en la comunidad educativa una cultura de paz, respeto y empatía.
Estas actividades se enmarcan en el compromiso del CEA con la formación integral de sus estudiantes y con la promoción de los derechos humanos, pilares fundamentales del Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo.Las jornadas “Hacia una Vida sin Violencia” se han convertido en espacios de encuentro, reflexión y acción. En ellas, los participantes de los distintos módulos y áreas técnicas, junto a sus docentes, abordan temáticas relacionadas con la violencia familiar, de género, escolar y comunitaria.
A través de dinámicas participativas, dramatizaciones, debates, elaboración de mensajes y afiches, los estudiantes expresan sus pensamientos y sentimientos, y sobre todo, su compromiso con la construcción de entornos más justos y respetuosos.La actividad tiene un profundo sentido pedagógico. No se trata de simples charlas, sino de espacios vivos de diálogo donde se escuchan experiencias, se identifican problemas y se buscan soluciones colectivas. En un contexto social donde la violencia todavía afecta a muchas familias, la escuela cumple un rol fundamental: ser un lugar seguro, de contención y transformación.
Por ello, desde el CEA “20 de Agosto” se busca que los estudiantes reconozcan la importancia de erradicar toda forma de maltrato —ya sea físico, psicológico o simbólico—, comprendiendo que el respeto comienza por uno mismo y se proyecta hacia los demás.La docente Justina Sanguino destaca que la prevención de la violencia debe entenderse como un proceso continuo, que implica educar desde el ejemplo. “No se trata solo de hablar sobre el respeto, sino de practicarlo en cada acción cotidiana: en el trato hacia los compañeros, en el trabajo en equipo y en la responsabilidad con el aprendizaje”, afirma.
Bajo esta visión, los estudiantes comprenden que ser técnicos competentes no basta; es necesario ser personas íntegras, capaces de convivir y cooperar.Por su parte, la Lic. Dionila Fernández C., directora del CEA “20 de Agosto”, impulsa estas actividades desde un enfoque institucional. Su liderazgo se refleja en la planificación, coordinación y seguimiento de las jornadas mensuales, asegurando que toda la comunidad educativa participe activamente. Para la directora, el desafío no es solo prevenir la violencia, sino promover una educación centrada en los derechos humanos y en la equidad de género, donde hombres y mujeres aprendan a convivir con igualdad y justicia.
“Educar para la paz significa transformar mentalidades y generar nuevas formas de relacionarnos”, expresa.Cada 25 de mes, el ambiente del CEA se llena de color, mensajes y esperanza. Los murales elaborados por los estudiantes decoran los pasillos con frases como “El respeto comienza en casa”, “Sin violencia hay armonía” o “La palabra también construye”. Se realizan dramatizaciones que representan situaciones cotidianas de violencia y sus posibles soluciones, seguidas de momentos de reflexión colectiva. Estas actividades, sencillas pero significativas, generan un impacto positivo en la convivencia escolar y en la autoestima de los participantes.
