martes, mayo 5, 2026
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Cómo visitar sin depredar

EDITORIAL

La sola presencia del ser humano y el «uso» de ciertos lugares para su explotación turística, hace que ciertos parámetros vinculados a la protección del medio ambiente, se rompan. Es cuestión de puntos de vista, todos con sólidos argumentos, pues existen también quienes consideran que sí es posible desarrollar esta actividad sin violentar la naturaleza y más bien, integrando al ser humano a un entorno que no es «suyo» pero si al que pertenece.

En países que no han establecido con claridad las formas de impulsar el turismo, como una alternativa de generación y distribución de la riqueza, en concordancia con el respeto al medio ambiente, los resultados sin duda dejan mucho que desear, ya que el grado de depredación que el hombre demuestra por donde pasa, es alarmante. Sin embargo, existen otros como Costa Rica, que han logrado sacarle provecho a los regalos de la naturaleza sin ofenderla ni dañarla, más bien despertando un auténtico sentimiento de pertenencia a ella.

Los discursos sobran en nuestro medio sobre este tema, es hora de acciones concretas, no puede haber turismo sin enseñarle a la gente cómo practicarlo y no pasa sólo por aprender a tratar al visitante o inventar lugares donde pueda ir, generar infraestructura hotelera, gastronómica, de transporte, etc, necesaria para atraer a más visitantes y para que estos traigan más todavía y con ellos lleguen también los dólares, que mejorarán nuestra situación económica. Pasa sobretodo por entender que nuestra relación con la naturaleza, debe ser íntima, cercana, de dependencia, porque somos parte de ella, no «dueños» de ella, que nuestra sobrevivencia como especie está ligada a ese cuidado y respeto, aunque parezca dramático. Que no es posible proyectar el turismo en base a nuestros atractivos sin tener claro que así tal cual, no tiene sentido, porque durará hasta que cuando destruyamos el atractivo en sí. Después, podemos hablar de los pasos siguientes, no es posible de otra manera si realmente sabemos y comprendemos la responsabilidad que implica pretender lucrar con lo que recibimos como un regalo, para garantizar un buen vivir pero en equilibrio.

El valle en el que vivimos ha sido bendecido por su belleza natural, no es que no hayan lugares igual o más bellos, claro que si!!!!, pero eso no le quita nada a lo nuestro. Dios y la naturaleza ya hicieron su trabajo, ahora nos toca a nosotros hacer el nuestro, sobretodo para conservar lo que recibimos y mejorarlo. Lastimosamente, nuestra labor ha sido diferente, hemos olvidado nuestro rol y nos dedicamos a destruir lo que nos rodea, no existe conciencia en la población ni en las autoridades para cuidar y proteger nuestro medio ambiente, tampoco se han desarrollado campañas que lleven a la gente mensajes claros, ni hablar de desarrollar políticas, no sólo de conservación sino también de impulso de los atractivos con los que cuenta nuestra región.