
La acción social irreflexiva en los procesos de urbanización y el acelerado incremento de las demandas sociales, frente a la oferta brindada por el medio natural, generan grandes desequilibrios medio ambientales, precisamente, por no tener una visión ecológica. Ciudad que no dispone de un Master Plan de Desarrollo Urbano, está condenada al desastre medio ambiental, pues para empezar, los loteadores y avasalladores -además, organizados políticamente- se convierten en los “desarrolladores urbanos”, por las debilidades o “vicios municipales” en la materia, ante una total ausencia de un sistema de planificación municipal que debiera contar con el concurso de especialista en planificación espacial, planificación social y regional, por decir algo; quienes deben planificar son los llamados por su especialidad: ingenieros sanitarios, arquitectos, ingenieros hidráulicos, ingenieros forestales, sociólogos y/o antropólogos, y, no políticos o similares vecinales, cuyas angurrias son distintas al concepto de “desarrollo urbano sostenible”.
Pasada la segunda guerra mundial, se consolidó un modelo de desarrollo que puso como principio el crecimiento económico, el acumulo de capital y el lucro, demostrando una voracidad sin límites, que como “modelo de desarrollo”, ignora el bienestar de los ciudadanos, creando una creciente y perversa concentración de riqueza y la diseminación de la pobreza, en este caso: urbana. Para alcanzar este crecimiento sin limites del desorden, empresas y autoridades ediles, han “consumido” las reservas naturales locales, destruyendo el patrimonio ambiental y creando por efectos derivados, ciudadanos de primera, segunda y hasta de tercera categoría municipal. Este “crecimiento económico”, basado fundamentalmente en la expansión industrial y del consumo, ha originado la expulsión de la población rural hacia un intenso proceso de urbanización descontrolada, cuyos problemas son básicamente el empobrecimiento y la destrucción del medio ambiente, por una total ausencia de visión o filosofía del concepto holístico de lo ecológico. La “urbe capitalina”, se ha redimensionado como centro de actividades humanas -sociales- y como punto focal de procesos políticos y económicos. La ciudad se convierte en centro de gestión y de acumulación de capital organizado a nivel local y de relación con municipios aledaños. Esta dimensión territorial expresa una creciente integración entre problemas rurales, urbanos y del medio ambiente, cada vez más degradado en cuanto a sus recursos naturales renovables, pero de gran prioridad como es el suelo, el agua en armonía con la flora y fauna, y, consecuentemente, con la población humana. El rol de los municipios en la gestión de sus recursos naturales renovables, no se cumple.
Lo que sucede, desde los datos que arrojan los tres últimos censos de población y vivienda, es que se tiene en la actualidad: aparición de industrias carentes de previsiones relacionadas con el cuidado del medio ambiente; Asentamientos no controlados, efectuados a través de procesos de invasión de terrenos y el consecuente exterminio de especies vegetales nativas; Utilización de cursos naturales de agua -ríos- para la eliminación de toda suerte de desechos, frente a la insuficiencia de los sistemas mecánicos de reciclado de aguas servidas y de residuos solidos urbanos; Incremento del transporte vehicular sin una infraestructura vial apropiada; Restricciones en la oferta de servicios naturales: grandes contingentes de población sin disponibilidad de agua potable, productos agrícolas para el consumo urbano contaminados por agua utilizada para el riego, disminución relativa de la calidad del oxígeno por falta de restricciones al transporte vehicular privado y de servicio público; Desequilibrios del balance ecológico natural con un incremento en los riesgos naturales, cada vez más pronunciados; Los ríos se han “convertido en la alcantarilla natural de la ciudad”, por lo que se convierte en un medio altamente contaminante, cuyas fuentes son: los desechos domésticos no biodegradables que llegan a 10 o más toneladas diarias, que no son recogidas por el servicio municipal; los desechos hospitalarios, sólidos y líquidos del que se tiene regular control; los desechos industriales, donde los que elaboran alimentos, bebidas alcohólicas, textiles, cueros, papel y sustancias químicas, junto la de los mataderos .-municipal y clandestinos-, que en su conjunto se convierten en la mayor fuente de contaminación.
Hoy, a “ojo de buen cubero”, casi medio millón de personas viven en la ciudad capital y ciudades intermedias del área circundante y de relación conexa territorialmente hablando, y que viven al limite del estado de contaminación del agua, del aire, del suelo, sin cualquier perspectiva de satisfacer sus más elementales necesidades de alimentación, vivienda, abastecimiento de agua, servicios sanitarios, servicios de colecta y el destino final adecuado de los residuos sólidos urbanos, además de un transporte público totalmente caótico. Este cuadro de situación lleva a una deteriorización de las condiciones de salud, comprometiendo la propia reproducción de la vida humana y sobrecargándola, especialmente a las mujeres con respecto a sus responsabilidades diarias junto a la comunidad social capitalina y ciudades intermedias del “área de influencia urbanizada”.
El empobrecimiento y la degradación ambiental se torna cada vez más graves en razón a la inexistencia de una política del desarrollo que debiera ser propuesta por las ETAs, que junto al gobierno central, se abstienen de invertir en infraestructura urbana y en políticas sociales, provocando una agresión a los ciudadanos o vecinos, sin precedentes en la historia moderna y obligando a las mujeres a asumir una carga creciente en el rol que les toca cumplir en cuanto a la producción y reproducción del hábitat y la organización de la comunidad urbana y vecinal. La producción de la ciudad, de sus equipamientos y servicios, debieran ser concurrentes entre lo público y lo privado, incluso con participación de organizaciones sociales calificadas y capacitadas adecuadamente, a efecto de que sean al servicio de los intereses de los ciudadanos o vecinos en la mejora de su calidad de vida, y no, como se escucha, que no se sabe a donde van los recursos municipales y departamentales: inexistentes planes, y, limitada rendición de cuentas.
Una acción reguladora de las ETAs se hace necesaria para garantizar mayor justicia en las relaciones sociales, estas autoridades debieran promover la aplicación y el desarrollo de políticas públicas obedeciendo a la lógica de la inversión de las prioridades más sentidas, atendiendo a los sectores o franjas sociales más necesitadas o pobres, que empeoran cada vez más como consecuencia del Modelo Económico Social Comunitario Productivo que significa -según el gobierno central- crecimiento, industrialización con sustitución de importaciones y que llevaría a Bolivia a ser como Suiza, por los beneficios del “mar de gas” sobre el que estaba Tarija y Bolivia, un modelo perversamente extractivista y depredador de los RR.NN., de la biodiversidad y de los bolivianos. Lo que sucede con la PTAR, o la muerte masiva de cangrejitos en la zona de la salida de aguas de la represa de San Jacinto, debe llamar poderosamente la atención. Basta de mentir a la población. La severa sequía que ya enfrentamos a nivel nacional, debe llamarnos poderosamente la atención. Existe un grave deterioro medio ambiental, que parece no importar en lo más mínimo, a quienes ya se les pone en la cabeza la idea de ser reelectos localmente el 2026. Una vergüenza.


