El debate sobre el uso de cigarrillos electrónicos ha llegado también a las aulas de Tarija. Algunos plantean que, al no generar humo como el tabaco convencional, podrían ser tolerados en espacios escolares. Sin embargo, esta idea no solo es equivocada, sino peligrosa. Las escuelas y colegios no pueden convertirse en lugares donde se normalice un hábito que encierra graves riesgos para la salud de niños y jóvenes.
El cigarrillo electrónico se promociona como una alternativa “moderna” y aparentemente menos dañina, pero la evidencia médica es cada vez más clara: no es inocuo. Muchos dispositivos contienen nicotina, sustancia altamente adictiva que afecta el desarrollo cerebral en adolescentes, altera la memoria, la concentración y la capacidad de aprendizaje. Además, los líquidos utilizados en estos aparatos incluyen químicos que, al inhalarse, pueden irritar las vías respiratorias, generar problemas pulmonares y, en algunos casos, daños aún no dimensionados por la ciencia.
El riesgo no termina en la salud física. Existe un impacto social y cultural que no puede subestimarse. Permitir que estudiantes usen vapeadores en los pasillos o recreos significa enviar un mensaje contradictorio: mientras los planes educativos promueven estilos de vida saludables, la práctica cotidiana abriría espacio a una adicción que atrapa cada vez a más jóvenes en el mundo. En Tarija, donde ya se lucha contra el consumo precoz de alcohol y tabaco, sumar un nuevo factor de riesgo sería un retroceso.
Además, el mercado de estos dispositivos está diseñado con una clara estrategia: atraer a los adolescentes. Los sabores dulces, las presentaciones llamativas y la publicidad disfrazada de modernidad convierten al vapeo en un producto atractivo, cuando en realidad encierra una trampa de adicción temprana. El aula, entonces, debe ser un espacio blindado frente a este tipo de presiones comerciales.
La responsabilidad recae tanto en las autoridades educativas como en los padres de familia y la sociedad en su conjunto. No basta con prohibir; se necesita educar. Informar de manera directa y transparente a los estudiantes sobre los riesgos reales del vapeo es indispensable para que ellos mismos desarrollen un criterio crítico frente a estas prácticas.
Tarija debe trazar una línea clara: los cigarrillos electrónicos no tienen cabida en las escuelas ni en los colegios. Defender la salud de los más jóvenes no es una opción, es una obligación.
