domingo, mayo 10, 2026
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Carreteras, lluvias y su mantenimiento

EDITORIAL

Transitar por las rutas de Bolivia y las departamentales, es una travesía que puede tener desenlaces diferentes, dependiendo cuándo se lo haga. En época de lluvia lo debemos hacer no en cualquier vehículo, la doble tracción, fuerza y altura son elementos de los que no se puede prescindir si nos interesa llegar a destino. El mantenimiento de carreteras exige un presupuesto aparte, no es sólo construirlas, sin este trabajo seguramente su tiempo de vida se acorta y las falencias se hacen más evidentes, debe ser continuo, permanente, no sólo cuando comienza a llover, debe estar a cargo de profesionales y empresas especializadas que garanticen buenos resultados. Si seguimos apostando por el descuido y la improvisación no podemos pedir algo diferente.Así como el agua bendice nuestros campos y ciudades cuando cae y revitaliza, en exceso suele ocasionar grandes perjuicios y hasta tragedias. En Bolivia y en Tarija el estado de las carreteras es un gran dolor de cabeza que se hace más profundo cuando la temporada de lluvias llega. En alguna medida hemos logrado contar con mayor cantidad de kilómetros de rutas asfaltadas que también sufren las consecuencias del agua y ni que decir las que todavía son de “tierra”, la dura acción de la naturaleza que se suma al inadecuado o inexistente mantenimiento de los caminos son componentes que hacen que viajar en vehículo no solo sea una aventura sino un gran riesgo al que nos vemos expuestos. Es muy cierto que es muy difícil medir el impacto de los fenómenos naturales y ante esta fuerza, no hay acción humana que se le pueda oponer, pero igual que en otros temas, la improvisación y falta de previsión marcan la diferencia.Nuestros caminos construidos a pico y pala contra todas las adversidades, serranías elevadas, enormes montañas, barrancos casi infinitos, terrenos difíciles, etc, hacen que los costos para hacerlos y mantenerlos sean muy elevados, pero es parte de la realidad nacional, lo que nos obliga a no malgastar ni despilfarrar, a que se acabe aquello de hacer carreteras a medias para que siempre haya qué hacer y licitar. Necesitamos rutas en serio, construidas de acuerdo a normas internacionales y con materiales de la mejor calidad, técnicos preparados que no sólo piensen en cómo luce el camino, sino en otros elementos que inciden también en su condición: deslaves o derrumbes, quebradas, etc. El sueño de ver rutas modernas, bien mantenidas, que nos vinculen, que nos integren, que nos permitan conocernos pero también llevar y traer productos, para engrandecer el terruño a través del intercambio comercial, debe dejar de ser eso.