miércoles, junio 10, 2026
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Cara y cruz de una misma moneda

EDITORIAL

El avance, el crecimiento muchas veces sin planificación, el incremento demográfico, el desarrollo que llega pesadamente pero llega, han hecho que nuestros propios hábitos vayan cambiando y nos volvamos más desconfiados y menos despreocupados, el formato del chapaco tradicional está siendo desterrado por el del tarijeno citadino que aprende a mirar bien dónde debe pisar. La situación obliga, si se analiza el aumento de los índices de criminalidad, los casos que se denuncian cada fin de semana, heridas o agresiones con armas punzo cortantes, violencia intrafamiliar, uso de armas de fuego en robos o asaltos, viviendas invadidas por mal vivientes a plena luz del día, negocios atracados a vista y paciencia de medio mundo… eso no sucedía en esta ciudad pero hoy es esa su realidad.

Tarija ha dejado de ser la apacible villa de antaño, los tiempos han cambiado y las buenas costumbres escasean o ya no existen, por el contrario, se ha ido convirtiendo en una urbe peligrosa en la que hay que pensar muy bien hasta qué hora y por dónde se puede caminar, sin temor a ser asaltado.

Proyectos que en teoría deben mejorar la seguridad ciudadana fueron usados con cuestionables resultados y más que dudosas licitaciones. Muy difícil que algo nos sirva si no se fortalece nuestra policía, si no se trabaja en reforzar los principios y valores de nuestros uniformados, mejorando sus ingresos y por ende sus condiciones de vida, si no cualificamos nuestros administradores de justicia y desterramos la corrupción de ella. En fin, son muchos pasos mínimos necesarios si de verdad queremos luchar contra la inseguridad y convertir a nuestra ciudad en un lugar donde caminar por dónde sea y a la hora que sea, signifique un verdadero placer con las garantías necesarias. Paece una utopía pero debemos apuntar a eso porque así fue alguna vez y no hay razón para que no recuperemos lo mejor de nuestro pasado.