No se cometen muchos delitos en este apacible vecindario residencial, en una zona exclusiva de la capital brasileña, Brasilia. Pero estos días, policías vestidos de civil hacen guardia aquí, encargados de una misión inusual: vigilar de cerca al expresidente Jair Bolsonaro.
En una de las casas de lujo, Bolsonaro, con un monitor en el tobillo, lleva semanas en arresto domiciliario. Está a la espera de un juicio que comenzará el martes, en el que se le acusa de conspirar para dar un golpe de Estado tras perder las elecciones presidenciales de 2022. Él niega los cargos.
Ahora, las autoridades brasileñas han tomado medidas para aumentar la vigilancia al exdirigente, ante la preocupación cada vez mayor de que pueda intentar huir, según un alto cargo policial que habló de forma anónima sobre conversaciones delicadas.
La semana pasada, agentes de policía vestidos de civil se apostaron a las afueras de la comunidad cerrada, vigilando la entrada al complejo. El sábado, Alexandre de Moraes, el juez del Supremo Tribunal Federal que supervisa el caso, decidió permitir que la policía se instalara alrededor de la casa de Bolsonaro, aunque se negó a dejarla entrar.
En su sentencia, De Moraes dijo que la medida pretendía hacer frente al riesgo de fuga a través de “propiedades adyacentes a ambos lados y en la parte trasera, lo que provoca la existencia de puntos ciegos”. Los monitores de tobillo como el de Bolsonaro no proporcionan los movimientos del portador en tiempo real, una deficiencia que, según dijo el funcionario policial, podría darle tiempo para huir a una casa vecina y salir por la parte trasera del complejo.
El funcionario policial dijo que no había información de inteligencia que sugiriera un plan de fuga inminente, pero que las medidas adicionales se consideraron necesarias porque Bolsonaro, en más de una ocasión, ha señalado que ha considerado la posibilidad de huir. Las autoridades están especialmente preocupadas por los recientes esfuerzos de uno de sus hijos por presionar a la Casa Blanca para que intervenga en el caso de su padre, lo cual hizo el presidente Donald Trump este verano.
Una de las preocupaciones, dijo el funcionario policial, es que Bolsonaro pueda escabullirse en el vehículo de un vecino y buscar refugio en la Embajada de Estados Unidos, a solo 15 minutos en auto de su casa.
El domingo, un puñado de agentes de policía permaneció fuera de la urbanización cerrada mientras un pequeño grupo de partidarios de Bolsonaro marchaba cerca, exigiendo amnistía para él y pidiendo el encarcelamiento del juez De Moraes.
Algunos de los manifestantes, envueltos en banderas brasileñas y estadounidenses, se arrodillaron y unieron sus manos en oración bajo el sol abrasador del mediodía. Con los ojos entrecerrados, pedían un milagro para salvar a Bolsonaro.
