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Bolivia de pie frente al chantaje del populismo nefasto

Escribe: Roberto Márquez

La derrota del asedio evista en las carreteras no es solo un repliegue táctico de las huestes narco cocaleras del Trópico; es, fundamentalmente, el triunfo categórico de la verdad histórica y la legalidad democrática sobre la mentira sistemática del socialismo del siglo XXI.

Durante semanas, el país contempló el despliegue de un populismo nefasto que pretendió utilizar la asfixia económica y la violencia armada como herramientas legítimas de presión política. Hoy, la resistencia de las instituciones y la dignidad del pueblo boliviano – del Alto y La Paz – demuestran que el chantaje de un caudillo cocalero acorralado no puede torcer el destino de una nación valiente y soberana.

La subvercion para forzar la caída del presidente Rodrigo Paz Pereira, ese golpe de estado del evismo se estrelló contra la madurez de un pueblo, de una ciudadanía que se negó a ser rehén de las economías ilegales y la impunidad. Aquellos activistas que pregonan una falsa defensa del pueblo, mientras dinamitan los cerros e impiden el paso de oxígeno y alimentos a las ciudades, han quedado expuestos ante la comunidad internacional.

El respaldo explícito obtenido en los foros hemisféricos de la OEA es la prueba de que el mundo reconoce la diferencia entre la protesta legítima y el sabotaje criminal perpetrado por una minoría autoritaria.

El desenlace de esta crisis ratifica la vigencia de nuestra memoria histórica. Las estrofas de nuestro Himno Nacional cobran hoy un vigor renovado: «Morir antes que esclavos vivir» no es una consigna del vacía, sino un mandato constitucional que late en cada ciudadano que defendió su derecho al trabajo, al libre tránsito y a la paz social.

De la misma manera, la identidad regional se suma a este coro de libertad. Como reza el himno chapaco, «ni tiranos ni déspotas nunca nuestro orgullo podrán abatir». Desde el sur del país hasta el último rincón de la República, el mensaje ha sido unánime: Bolivia es, y seguirá siendo, la tumba de los tiranos.

Las pretensiones de instaurar un feudo totalitario basado en el terror de las carreteras y el financiamiento opaco se han topado con la muralla del Estado de derecho.
La desarticulación de los bloqueos y la detención de los operadores del caos marcan el inicio de una etapa de reconstrucción institucional. La justicia no puede claudicar ni negociar la ley bajo la mesa; el imperio de la norma debe aplicarse con la mayor severidad a quienes pretendieron incendiar el país para el beneficio de un solo hombre.

En este escenario de reconstrucción, la paz en nuestra patria es la condición fundamental y no negociable para el desarrollo sostenible de un país históricamente saqueado por la delincuencia y la corrupción política. Bolivia es una tierra profundamente rica, habitada por gente trabajadora, emprendedora y de una inteligencia admirable que ha sabido resistir las peores tormentas.
Más temprano que tarde, Bolivia saldrá adelante.

Pero para consolidar ese horizonte, la paz social debe y tiene que ser el pilar inquebrantable de la unidad entre bolivianos. Solo la paz y la verdad desmantelarán el odio sembrado por el populismo, permitiéndonos construir, finalmente, una nación próspera y libre: haremos de Bolivia, con la fuerza de su gente, ¡un país de ganadores!

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