En medio de un clima de desconfianza ciudadana hacia la clase política, ha resurgido en Tarija el debate sobre la necesidad de reducir el número de legisladores en la Asamblea Legislativa Departamental. La propuesta, impulsada por algunos sectores que cuestionan la eficiencia y representatividad del órgano legislativo, plantea una reforma que busca optimizar recursos públicos. Pero la pregunta de fondo es: ¿una Asamblea más pequeña garantiza una mejor gestión pública?
A primera vista, la idea de reducir legisladores parece atractiva. Menos curules implican un menor gasto en sueldos, viajes, dietas y personal de apoyo. En un contexto de crisis económica y recortes presupuestarios, esta medida puede interpretarse como un acto de austeridad responsable. Sin embargo, la eficiencia no siempre va de la mano con la reducción numérica, especialmente en una región tan diversa como Tarija.
La Asamblea Departamental no solo legisla, sino que fiscaliza y representa los intereses de las provincias y pueblos indígenas. Menos legisladores pueden traducirse en una menor representación territorial y sectorial, debilitando la voz de regiones alejadas como el Chaco o municipios rurales que históricamente han sido postergados. ¿Quién defenderá sus intereses si las decisiones se concentran aún más en los representantes de la capital?
Además, la reducción por sí sola no resuelve los problemas de fondo: el ausentismo, el bajo rendimiento legislativo, la politización de las decisiones o la desconexión con las necesidades reales de la población. Lo que se necesita con urgencia no es solo “menos”, sino “mejores” legisladores: más preparados, más comprometidos y más fiscalizados por la ciudadanía.
La eficiencia institucional no se logra solamente achicando el Estado, sino profesionalizando su función pública y garantizando mecanismos de transparencia y rendición de cuentas. Una reforma estructural que revise el número de legisladores debe ir acompañada de cambios en los reglamentos internos, en los criterios de elección y en los mecanismos de evaluación del trabajo legislativo.
Reducir curules puede ser útil, sí, pero no es una solución mágica. Lo que Tarija necesita es una Asamblea menos costosa y más útil, menos politizada y más cercana al pueblo.
